Título original: Idem
Origen: Rumania / Francia / Bosnia y Herzegovina / Croacia / Macedonia
Dirección: Cristi Puiu
Guión: Cristi Puiu
Intérpretes: Mimi Branescu, Judith State, Bogdan Dumitrache, Dana Dogaru, Sorin Medeleni, Ana Ciontea, Rolando Matsangos, Mirela Apostu, Eugenia Bosânceanu, Ilona Brezoianu, Ioana Craciunescu
Fotografía: Barbu Balasoiu
Montaje: Ciprian Cimpoi, Letitia Stefãnescu
Vestuario: Maria Pitea
Duración: 173 minutos
Año: 2016
8 puntos
LAS HERIDAS FAMILIARES, LAS HERIDAS DE UN PAÍS
Por Guillermo Colantonio
Una cámara situada a una distancia considerable como para espiar una esquina en un día más, frenético y plagado de ruidos de autos. Un tiempo para observar también a una pareja que sale de un lugar con una pequeña. Paredes pintadas de fondo sobre tonos azulados. No es una postal de presentación ni la búsqueda forzada de cierta estética complaciente; más bien un golpe de realidad donde el sonido directo altera cualquier idea de nitidez y de tranquilidad. Un plano secuencia que refuerza esa incomodidad sin reparos. Serán apenas los únicos minutos destinados a exteriores. Luego, un auto. Los planos se tornan cerrados y asistimos a una discusión poco soportable entre la pareja con signos de histeria.
Ese pequeño universo con mucha gente adentro que transita los ambientes elásticamente es observado por la cámara espía de Cristi Puiu, que jamás se entromete y que trabaja sobre un discurso en base a rumores o tonos elevados según la posición que mantenga. Al mismo tiempo que alterna los detalles sonoros, lo mismo hace con los colores azules y marrones. No hay idea de completitud sino fragmentos de un ritual familiar cuyos condimentos asoman paulatinamente siempre y cuando nos entreguemos con paciencia a las reglas que el registro propone. Se materializa un encierro familiar, por momentos con un tinte costumbrista, pero paradójicamente ese espacio siempre está abierto a las expectativas de que algo pase. Lo cotidiano deviene como una pesadilla de esas en las que uno tiene los pies empantanados y no puede correr.
Hay en Sieranevada una especie de fascinación que impide que abandonemos el barco antes de tiempo aún con el marco claustrofóbico que utiliza. El contexto es un armado por parte del espectador paciente que sabrá dar forma a una serie de gestos privados cuyo signo recurrente, en medio de la muerte, es la amargura, sentimiento rastreable no sólo como consecuencia de la demencial situación europea actual sino por los restos de un país en el que la promesa capitalista reavivó los espectros de un pasado comunista.
Las heridas están abiertas y bien visibles en esa coreografía familiar que no es más que un centro neurálgico más de la Rumania presente. Una propuesta radical y notable de un cineasta que con una corta filmografía dejó de ser una promesa.
NdR: Esta crítica es una extensión de la ya publicada durante el BAFICI.

