Título original: Minions & Monsters // Origen: EE.UU. // Dirección: Pierre Coffin // Guión: Pierre Coffin, Brian Lynch // Voces originales: Pierre Coffin, Allison Janney, George Lucas, Christoph Waltz, Jeff Bridges, Trey Parker, Zoey Deutch, Bobby Moynihan, Phil LaMarr // Dirección de arte: Charlotte Hutchinson // Montaje: Gregory Perler // Música: John Powell // Duración: 90 minutos // Año: 2026
7 puntos
ME CONVENCISTE, ¡ESTO ES CINE!
Por Mex Faliero
De la misma manera en que los minions vagaron por siglos tratando de encontrar un villano al cual venerar, las películas de estos personajes amarillos transitaron entrega tras entrega hasta hallar finalmente una que le hace honor a la tradición que persiguen. La fórmula finalmente funcionó en esta, la séptima de este universo (si juntamos las de Mi villano favorito y las de los minions en solitario), a partir de un elemento impensado: la cinefilia. Lejos de la nostalgia y la melancolía, y por encima de los meros guiños previsibles, Minions & Monstruos resulta un impensado homenaje al cine como espacio de memoria pero también de juego y diversión. Si la película arranca en un museo de cine en Los Angeles, luego la historia dirigida por Pierre Coffin se aleja del mármol para celebrar con espíritu festivo una época dorada donde eran posibles las leyendas y los mitos, como los dos minions homenajeados y protagonistas del relato que constituye a la película.
Un grupo de turistas visita un museo de Hollywood donde, por ejemplo, exhiben al George Lucas de carne y hueso en una vitrina. La guía, entonces, les cuenta a los paseantes sobre dos minions que dejaron su huella en el mundo del cine, allá por los años 20 y 30 del siglo pasado, en ese preciso instante en que el sonido cambió para siempre a la industria. Es interesante cómo la película aprovecha elementos históricos sin aire didáctico y los integra fluidamente con la experiencia destructiva de los minions: vemos las fiestas pantagruélicas del Hollywood de los 20’s, con los protagonistas como anfitriones en su mansión, y también la manera en que la llegada del sonido destruye la carrera de unas criaturas que cambian las líneas de diálogo con palabras inconexas como banana o lasaña. El prólogo de Minions & Monstruos es perfecto, y es por lejos lo mejor que presentó este universo de películas desde su origen. Un comienzo plagado de guiños, homenajes, parodias y chistes a mil por hora, apelando a un humor físico que se integra adecuadamente con referentes del cine mudo como Charles Chaplins, Buster Keaton o Harold Lloyd que aparecen citados explícitamente.
Minions & Monstruos ofrece referencias explícitas, desde el Viaje a la Luna de Méliès o el gag histórico del “regador regado”, a escenas de El hombre mosca de Lloyd, Tiempos modernos de Chaplin o Steamboat Bill, Jr. de Keaton, y tantas otras, que son intervenidas por la locura de los minions. Y más allá de esas referencias directas, la película avanza luego sumando elementos del cine de monstruos de los años 30’s y la ciencia ficción de los 50’s, que hacen sistema en una película que tiene la virtud de ser sumamente feliz. Si bien es cierto que una vez que el prólogo se detiene y Minions & Monstruos tiene que construir narración, luce despareja, con algunos pasajes más logrados que otros, y subtramas a las que les cuesta integrarse de una manera fluida, demostrando que la mejor lógica que le funciona a estos personajes es la del sketch. Sin embargo, lo que ofrece en materia de ideas y autoconciencia cinéfila es tan atractivo, que por una vez podemos dejar de lado algunos tramos de pereza para disfrutar de una película que tiene su ambición, que no se ve hecha sólo para engrosar las arcas de sus productores y que tiene el plus en una apartado visual que la vuelven una experiencia bellísima.
Como plus, señalar un detalle molesto de la versión doblada al castellano que se ofrece como única posibilidad en los cines de Mar del Plata: el director argentino Andy Muschietti le da vida a Max, un típico director de aquel período de Hollywood que es el lazo principal de los minions con el mundo del cine. La apelación desde su trabajo vocal a un imaginario propio de los milongueros canyengues de los años 30’s, como salido de una película de Carlos Gardel, es realmente molesta. Un elemento que rompe constantemente con la lógica audiovisual de la película y que luce totalmente extemporánea, ni qué decir en su guiño futbolero a cierta pavada salida de la boca de Messi durante el partido contra Países Bajos en 2022. Doblajes argentinos, o aporteñados, que creíamos sepultados tras las fallidas experiencias de Pixar con Los Increíbles, Cars y Ratatouille, y que sin embargo regresan para arruinarnos cada escena de una película que más allá de eso es muy disfrutable.
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