–Por Rodrigo Seijas
(@rodma28)
Cuando se anunció este spinoff, inmediatamente dio para pensar en el riesgo de que estuviéramos ante un sub-Reacher, una especie de copia en clave femenina pero sin la misma potencia, o un recorte de ese mundo sin la profundidad de los relatos basados en las novelas de Lee Child. Lamentablemente, algo de eso hay en Neagley, que se centra en una ex colega en el ejército, amiga y ocasional compinche de aventuras de Jack Reacher, que apareció por primera vez en la segunda temporada -quizás la más floja de esa serie- y luego en la tercera entrega. Creada por Nick Santora junto a Nicholas Wootton, sigue a esta investigadora privada, nuevamente interpretada por Maria Sten, mientras indaga en el supuesto suicidio de un amigo de la infancia. Lo que va descubriendo es algo bastante más enredado y siniestro: una sucesión de crímenes vinculados con una secta, experimentos clandestinos con drogas alucinatorias e incluso corrupción policial. Para lidiar con eso, solo contará con la ayuda de Hudson (Greyston Holt), un detective de la policía que, a pesar de estar emparentado con una familia de mafiosos, es quizás el único realmente limpio en su departamento; Renee (Adeline Rudolph), una empleada de la agencia donde trabaja Neagley que quiere seguir sus pasos; y Keno (Jasper Jones), un joven estafador de poca monta que, a regañadientes, deberá infiltrarse en la secta. Son los primeros episodios, en los que todavía hay muchas piezas sueltas y pocas certezas sobre quiénes están detrás de la muerte del amigo de Neagley y sus motivaciones, los más interesantes y fluidos. Pero a partir de ahí se empiezan a acumular lugares comunes y giros predecibles, además de subtramas innecesarias y redundantes, como la relacionada con un hecho traumático de la infancia de Neagley que la llevó a sufrir fobia a que la toquen. Ese psicologismo un tanto superficial, más que sumarle, le resta a un personaje que está lejos de poseer el carisma de Reacher y que muchas veces pareciera que forzara su rudeza, para luego explicitar una sensibilidad casi edulcorada. Del mismo modo, ninguno de los antagonistas que van surgiendo, como el líder de la secta encarnado por Damon Herriman o el empresario inescrupuloso que compone Peter Outerbridge, logran salir de lo esquemático. Y si bien es cierto que hay algunos pasajes puntuales donde la serie adquiere ritmo y fisicidad, está muy lejos de la impactante crudeza que ha sabido desplegar Reacher. Las comparaciones, inevitables, dejan a Neagley como una especie de versión liviana, limpia, casi apta para todo público, en la que la violencia deja de ser un lenguaje para pasar a ser un instrumento utilizado un poco a las apuradas. Por eso es que también las resoluciones y enfrentamientos finales se sienten entre tímidos, poco creíbles y sin mucha inventiva. No puede negarse que hay algo de potencial en ese universo urbano que habita la protagonista, que a su vez es un personaje que comparte una ética particular con Reacher. Sin embargo, a futuro, deberían ajustarse muchos elementos para que Neagley sea algo más que una versión de segunda mano -y descartable- de su serie madre.
-Los ocho episodios de Neagley están disponibles en Prime Video. Ya está confirmada una segunda temporada.
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