–Por Rodrigo Seijas
(@rodma28)
Alguien me dijo de Linternas “es como True detective pasado por el filtro de DC”. Otro me dijo “por momentos parece escrita por Taylor Sheridan”. Ambas afirmaciones (especialmente la primera) son ciertas y hablan un poco tanto de las virtudes como de los defectos de la serie creada por Tom King, Damon Lindelof y Chris Mundy. Porque, por un lado, la estructura de policial negro, con idas y vueltas temporales, sumado al retrato de un mundo de profesionales con éticas ambiguas, la coloca en un lugar distintivo en comparación con gran parte de las producciones televisivas centradas en superhéroes. Por otro, porque la solemnidad que atraviesa buena parte de su relato la lleva a ser un tanto estirada y pesada. Ya el punto de partida busca introducir ambigüedad y hasta polémica, utilizando lugares comunes y estereotipos a los que pretende retorcer y poner en crisis, con un Linterna, Hal Jordan (Kyle Chandler), famoso y legendario, al que le asignan como compañero y aprendiz a un nuevo recluta, John Stewart (Aaron Pierre). Ambos llegarán a un pequeño pueblo estadounidense para investigar un caso de asesinato en el que posiblemente esté involucrada una raza alienígena muy peligrosa. Pero el asunto no se quedará ahí y lo que irá saliendo a la luz es una conspiración intergaláctica con distintas ramificaciones y consecuencias de todo tipo. Lo más cercana a una aliada con la que contarán es la comisaria del pueblo (Kelly Macdonald), aunque ella también irá mostrando ambivalencia de acuerdo al momento. Sin embargo, el conflicto de fondo está en la relación entre ambos, ya que pronto quedará claro que Stewart no es tanto un aprendiz como un potencial reemplazo de Jordan, por lo que el recorrido que los dos emprenderán tendrá componentes de cooperación, competencia, aprendizaje, respeto y odio en dosis similares. A eso hay que agregarle -porque indudablemente la serie es muy ambiciosa- una exploración del pasado de los protagonistas, indagando en sus traumas infantiles y en cómo tuvieron que lidiar con figuras paternas y maternas (no solo padres, sino también tutores) que no fueron precisamente constructivas. Hay en Linternas una vocación explícita por bajar toda la mitología de los cómics a lo terrenal, haciéndola interactuar con distintas capas genéricas: no solo el policial, sino también el drama familiar y hasta en algunos tramos el western. Incluso pareciera que a King, Lindelof y Mundy -y hasta se podría sumar a James Gunn, una de las cabezas de DC Studios- les interesa más explorar el imaginario de la justicia en la América profunda, esa que está presente subrepticiamente en cualquier historieta emblemática y hasta en toda la cultura occidental. Eso quizás explique la cantidad de tramas y subtramas que se van desarrollando, así como la construcción de un derrotero para estos dos héroes que no son tan heroicos. La lucha de egos y ambiciones entre Jordan y Stewart es constante, a tal punto que incluso cuando colaboran entre sí de forma más decidida no pueden evitar tensiones mutuas. Hay que decir que esa puesta en forma de grietas internas y externas, ese despliegue de actitudes casi deliberadamente antipáticas -por cierto, muy propias de algunas producciones de HBO- genera unas cuantas instancias de distanciamiento con lo que se cuenta y los avatares de los personajes. Pero, por suerte, Pierre está muy bien -a tal punto que confirma las virtudes exhibidas en Rebel Ridge-, Macdonald le brinda a su personaje una nobleza casi conmovedora y lo de Chandler -uno de los mejores actores de su generación, por más que no sea tan popular- es, como siempre, estupendo. Es este trío el que permite que Linternas no caiga en la pedantería que insinúan algunos giros de su argumento y que hasta consiga entregarnos algunas secuencias muy potentes, no solo desde el movimiento, sino también desde la contemplación. De cara a la segunda temporada, el crédito está abierto.
-La primera temporada de Linternas está disponible en HBO Max. Ya está confirmada una segunda entrega.
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