Por Patricio Beltrami
NdR: este artículo contiene spoilers.
El tercer episodio de Daredevil: born again explota las mejores facetas de la serie: juicios, piñas y atentados. Tras una primera mitad donde priman las intrigas y la planificación, el capítulo se lanza a la acción. Así, se observan las primeras consecuencias de la guerra entre Daredevil/Matt Murdock (Charlie Cox) y Kingpin/Wilson Fisk (Vincent D’Onofrio) con la corte y el puerto de Nueva York como escenarios de conflicto. The scales & the sword marca una gran diferencia respecto a The northern star y Shoot the moon a través del recambio en el equipo creativo. Escrito por Heather Bellson y dirigido por Solvan Naim, el episodio posee uno de los puntos de inflexión para la temporada: el juicio contra Jack Duquesne (Tony Dalton). Horas antes de la audiencia, Kirsten McDuffie (Nikki James) accede a la prisión clandestina para hablar con Duquesne, aunque saben que enfrentarán a un sistema que está en su contra. Basado en la imparcial evaluación de Heather Glenn (Margarita Levieva), el jurado halla la excusa ideal para sentenciar al acusado por haber quebrado las leyes antivigilantes. Frente a la caída de su popularidad por la represión descontrolada y la intromisión de la gobernadora McCaffrey (Lili Taylor) en la ciudad, el veredicto representa un alivio para Fisk, quien organiza una fiesta para celebrar este avance de su gestión. Desde allí, The scales & the sword escalará en intensidad hasta un cierre a toda orquesta. Con información del agente que habían tomado de rehén y el relato de Kirsten sobre su visita a ciegas, Murdock y Page organizan un asalto al puerto para sabotear la venta de las armas recuperadas en el naufragio. A manera de montaje alternado, el detallado relato de la abogada se intercala con el sigiloso ingreso de Daredevil a las instalaciones clandestinas. Este recurso no sólo consigue agilizar la historia, sino que logra darle un toque lúdico distintivo a una narrativa que hasta entonces mayormente había privilegiado la sobriedad y la linealidad. Rápidamente el enmascarado debe empezar a abrirse camino a la piñas, noqueando a todo enemigo hasta que, sin saberlo, llega al sector de celdas. Arriesgando el plan original, Daredevil libera a los prisioneros y se enfrenta a decenas de guardias sólo con la ayuda de Jack, quien apela a su característica elegancia y carisma para derribar a los agente de Fisk. En esa secuencia otra vez lo técnico (el prolijo movimiento de cámara a través de un falso plano secuencia) se pone al servicio de una coreografía ajustada para que la puesta en escena explote tanto lo brutal como lo dinámico de la escena. Luego de este estimulante pasaje, The scales & the sword se encamina hacia un final extremadamente tenso y violento. Powell (Hamish Allan-Headley) y una dotación de la Fuerza Antivigilantes intentan emboscar en Daredevil y los fugitivos pero, con la inesperada ayuda de Ángela Del Toro/Tigre Blanco (Camila Rodriguez), Karen roba un camión para usarlo de escudo ante la balacera y, luego, escapar del puerto. Ofuscado por el golpe, Fisk decide desviar la atención con otro acto criminal: ordena explotar los restos del barco hundido con trabajadores a bordo para culpar del atentado a Daredevil y los vigilantes de Nueva York. Sin dudas, The scales & the sword ha sido hasta el momento el mejor capítulo de la segunda temporada de Daredevil: born again. Finalmente se han dejado los juegos de planificaciones incesantes, golpes menores e intrigas palaciegas para que ambos bandos confronten de forma directa. En ese sentido, la apuesta por motorizar el relato a través de la acción, sello de la franquicia, termina siendo clave para darle vuelo a la historia. Asimismo, la técnica puesta al servicio del costado más violento de la narrativa provoca que las secuencias de combate y sigilo vuelvan a destacarse desde la creatividad y lo lúdico. Todavía lejos de la excelencia de la tercera temporada en Netflix, Daredevil: born again otra vez ha probado que está a la altura de las expectativas.
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