–Por Rodrigo Seijas
(@rodma28)
El ritmo de The Pitt finalmente acelera, mientras se potencia el drama familiar. 3:00 P.M., dirigido por Shawn Hatosy, tuvo sí una subtrama de índole estrictamente profesional, centrada en Javadi (Shabana Azeez), un personaje que vuelve a los primeros planos -estuvo un tanto relegada en esta temporada-, pero no de una forma feliz. Una paciente suya casi muere de manera inesperada y, a medida que avanza la situación, va quedando claro que hubo análisis que no llegaron a tiempo debido a la modalidad analógica en la que se está manejando la sala de urgencias y que llevaron a una subestimación de la situación. Que, al menos por ahora, no haya habido un desenlace fatal, no quita el dilema ético y la culpa que atraviesa el rostro de Javadi lo dice todo. Pero, como decíamos previamente, lo fuerte estuvo en el componente familiar, con dos historias que ya venían en desarrollo y dos nuevas. Tuvimos el caso de la mujer con cáncer (Brittany Allen), que es cada vez más sombrío, a partir del dolor que la aqueja, que la hace cada vez más consciente del poco tiempo que le queda con su familia, y que deriva en un intercambio con McKay (Fiona Dourif) en el que los silencios dicen más que las palabras. Asimismo, el del hombre obeso (Craig Ricci Shaynak), que va rumbo a una operación en el que sus chances de supervivencia son del 50% y que tiene una videollamada con su hermana que, sin dejar de transitar por los lugares comunes, es demoledora. Pero como si eso no fuera suficiente, 3:00 P.M. nos tiró por la cabeza con el arribo de Becca (Tal Anderson), la hermana de King (Taylor Dearden), quien arriba con un dolor en el estómago, justo a minutos de su declaración, poniéndola en una situación de inestabilidad bastante grande. Ahí es donde la serie vuelve a exhibir su habitual sutileza visual, con un plano donde vemos a Robby (Noah Wyle) observando a la distancia a Langdon (Patrick Ball), quien ha quedado a cargo de la atención de Becca, en un gran aprovechamiento de la profundidad de campo. Por último, tuvimos el arribo de un niño herido en la mano debido a un accidente con pirotecnia, en el que los elementos impactantes se van sumando progresivamente. La pérdida de dos dedos, los indicios de que bebió alcohol, la llegada de su hermana mayor, que oficia de tutora, el conocimiento de que los padres fueron deportados a Haití, todo se va combinando en un caso que tiene unos cuantos componentes que dialogan con el presente estadounidense, en el que la inmigración (y los inmigrantes) es un tema de debate central. Por ahora al menos, The Pitt se las arregla para no caer en lo sentencioso y solemne con esta última subtrama. Ojalá que siga así y que la serie continúe arreglándoselas para hablar sobre el mundo sin remarcaciones innecesarias. Mientras tanto, el caos de la falta de tecnología contribuye a que la estructura narrativa se sostenga de forma sólida y refuerce el profesionalismo de los protagonistas. 3:00 P.M. fue un capítulo desafiante, pero muy bien ejecutado.
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