–Por Rodrigo Seijas
(@rodma28)
Tal como se esperaba, el giro al final del capítulo anterior le imprimió de vuelta a The Pitt un ritmo casi frenético, que supo alternar con momentos puntuales de reflexividad. 2:00 P.M., dirigido por John Cameron, se estructuró alrededor del factor disruptivo que implicó el apagado de todos los sistemas informáticos, lo que llevó a que todo pase a una modalidad analógica, casi digna de un hospital argentino. Hubo secuencias e intercambios que rozaron lo disparatado, con Princess (Kristin Villanueva) teniendo que manejar, como puede por supuesto, toda la logística, en una labor que a menudo la supera. Si bien hubo pasajes donde el relato se puso quizás demasiado explicativo, todo fue de la mano de la acción, lo que evitó algunas redundancias didácticas. En ese contexto, el episodio le dio un cierre más esperanzador a la paciente que afrontó una violación, y también a Dana (Katherine LaNasa), aunque hay un giro adicional que pone la inacción de la policía en el centro, permitiendo a la vez un exabrupto de la enfermera que no puede generar otra cosa que empatía por parte del espectador. Donde también hubo un progreso importante fue en la atención de una paciente muda, lo que representó un punto a favor para Santos (Isa Briones), y lo mismo fue para una mujer con una ceguera súbita, que quedó al cuidado de King (Taylor Dearden), que recibió una buena noticia respecto a una demanda en la que estaba involucrada. Puede decirse algo parecido en lo que concierne al estudiante con problemas psiquiátricos, aunque todavía su familia lucha para aceptar las limitaciones que implican su condición, que aún debe ser diagnostica con mayor precisión. Donde no termina de haber una definición es con el caso de la mujer con cáncer, cuya complejidad se potenció -aunque posiblemente lleve eventualmente a una resolución- con la aparición de sus padres. Pero, por fuera de un par de pacientes cuyas problemáticas rozaron lo insólito -una joven borracha que se mordió la lengua, un hombre con una impresionante infección en la piel-, el mayor foco se lo llevó un individuo obeso (Craig Ricci Shaynak, en una performance perfecta) que llega con dolores abdominales y cuya atención requiere del seguimiento de Robby (Noah Wyle). Fue un minirrelato que abarcó cuestiones de pudor -la bestialidad bienintencionada de algunas preguntas de Ogilvie (Lucas Iverson) rozaron lo paródico-, vergüenza y soledad, pero que también consiguió incorporar toques de comedia que manejaron apropiadamente lo políticamente correcto sin caer en la falsedad. Incluso sobre el final consiguió conmover sin abandonar la puesta en escena profesional y clínica. El plano final de 2:00 P.M. parece indicar que el vértigo continuará en los episodios que siguen, lo cual plantea el desafío de que The Pitt mantenga a su vez el equilibrio en la diversidad de tonos.
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