–Por Rodrigo Seijas
(@rodma28)
Si el final del capítulo previo había sido conmovedor, The Pitt siguió con una sucesión de puñetazos al estómago, pero sin caer en el golpe bajo, gracias a un enfoque constante en lo procedimental. 1:00 P.M., dirigido por Uta Briesewitz, estuvo atravesado por el tratamiento de una víctima de violación, que quedó a cargo de Dana (Katherine LaNasa, brillante en este episodio) y, en menor medida, de Al-Hashimi (Sepideh Moafi) y la enfermera novata Emma (Laetitia Hollard). Si uno tuviera que definir el término “clínico”, acá tendría un ejemplo perfecto, con cada una de las profesionales siguiendo al detalle un protocolo que busca ser lo menos invasivo posible para la víctima, pero que al mismo tiempo revela una frialdad burocrática enorme. Ahí es donde queda clara las dicotomías, muchas veces no resueltas, entre el profesionalismo y lo humano, entre lo íntimo y lo institucional, entre la necesidad de contener y la de obtener información, entre las certezas ideológicas y las particularidades de cada caso. La puesta en escena de Briesewitz se sostiene en el retrato casi ascético del procedimiento, en los modos amables y profesionales de Dana y en la incertidumbre creciente de la víctima, que en un momento ya no puede soportar todo el análisis médico y decide irse, sin realizar la denuncia. El resultado es angustiante a más no poder, potenciado por una escena conclusiva donde Dana se queda lagrimeando, sola en su fracaso para completar el proceso. Pero, aunque con menor carga emocional, 1:00 P.M. acumuló otras subtramas y elementos como para posicionarse como el capítulo más abrumador de la temporada hasta el momento. Por un lado, con los intentos infructuosos de Mohan (Supriya Ganesh) por retener a su paciente sin seguro médico, que con cada hora que pasa en el hospital ve cómo su deuda es cada más impagable, hasta que decide irse aún con los riesgos que eso implica para su salud. Es la llegada de Jack Abbot (Shawn Hatosy), quien acompaña y asiste a un miembro de SWAT herido -porque es tan “badass” que se permite desempeñarse como médico asistente para esas unidades- la que le llevará un alivio parcial a Mohan, ofreciéndole a pagar un delivery de medicamentos y equipamientos. Por otro lado, con McKay conteniendo como puede a la familia de su paciente con cáncer (Brittany Allen), que sigue firme en su decisión de permanecer en el hospital, incluso contra los deseos de su marido (Taylor Handley), mientras Javadi (Shabana Azeez) sigue lidiando con el joven universitario con problemas psiquiátricos, un caso que pone en crisis total a su familia y que afecta por ahora sutilmente a Al-Hashimi. A eso se le sumó una escena crucial en el helipuerto entre Langdon (Patrick Ball) y Robby (Noah Wyle), en la que, por primera vez, son honestos el uno con el otro: el primero pidiendo disculpas por sus errores, el otro aceptando esas disculpas, pero también dejando en claro que ya no confía en él. Son apenas un par de minutos donde el ruido del helicóptero se convierte en una viva representación del ruido entre ellos. Y el cierre del episodio fue a toda máquina, con el arribo del CEO del hospital, quien informa que la situación del otro hospital que estaba derivando pacientes está vinculada a un hackeo masivo, y que ahora, para no caer en la misma situación, deben apagar todos los sistemas informáticos. Es una decisión que se informa sin el conocimiento de Robby, pero sí con el aval de Al-Hashimi, lo cual seguramente, por las miradas que se cruzan entre ambos, tendrá consecuencias no precisamente bonitas. Como bien dice Robby, “vamos a ir a modo analógico”. Y como bien dice Abbot, “esto va a ser divertido”. The Pitt anuncia así su vuelta a un vértigo total.
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