Título original: Send help // Origen: EE.UU. // Dirección: Sam Raimi // Guión: Damian Shannon, Mark Swift // Intérpretes: Rachel McAdams, Dylan O´Brien, Edyll Ismail, Xavier Samuel, Chris Pang, Dennis Haysbert, Thaneth Warakulnukroh, Emma Raimi, Kristy Best, Francesca Waters // Fotografía: Bill Pope // Montaje: Bob Murawski // Música: Danny Elfman // Duración: 113 minutos // Año: 2026 //
8 puntos
¿QUIÉN MANDA A QUIÉN?
Por Emiliano Attadia
El ambiente laboral es un terreno muy fértil para crear historias; puntualmente el mundo empresarial genera producciones que abarcan desde la comedia más absurda (tal como Piso de soltero, de Billy Wilder; o El diablo viste a la moda, de David Frankel) al drama más coyuntural, como El escándalo, de Jay Roach; o La asistente, de Kitty Green. Claro está que no es solo el espacio de trabajo lo que dispara la trama, también hay otras variables que entran en juego como el desarrollo profesional, la tensión construida por la cadena de mando y la combinación armónica con la vida personal.
Estas cuestiones están expuestas en el primer acto de ¡Ayuda!, la nueva película del consagrado director Sam Raimi. Salvo honrosas excepciones, el período de su filmografía que abarca fines de los 90’ y 2022, cuando estrenó Doctor Strange en el Multiverso de la Locura, se caracterizó por una pérdida de la originalidad construida en la década de los 80’, como realizador de obras muy destacables que combinaban a la perfección el terror con la comedia negra. Nadie pone en discusión la saga de Spiderman con Tobey Maguire como el hombre arácnido: en un cine colmado, y desgastado, es de las mejores cosas que se hicieron en el subgénero de superhéoes. Más allá de esta huella, y el regreso momentáneo a lo que mejor sabe hacer con Arrástrame al infierno en el 2006 y que estuvo involucrado en la producción de proyectos similares, 20 años después celebramos ¡Ayuda! como el retorno a la comedia negra, negrísima.
Linda Liddle (Rachel McAdams) es una genia de los números y responsable del área de planificación y estrategia de una gran compañía. Sin embargo, es evidente que su aspecto personal deja mucho que desear, por lo menos en ese ambiente tan estructurado y regido por lo formal, los trajes y la seriedad. Esta cuestión es más notoria cuando asume como presidente de la compañía Bradley Preston (Dylan O’Brien) luego del fallecimiento de su padre, y le niega el ascenso a vicepresidente a Linda, por una cuestión netamente de superficialidad y le da el cargo a un amigo que juega al golf con él, con una clara ejemplo de machismo empresarial. Pero, más allá de la decepción de la empleada, participa de un viaje de negocios con su nuevo jefe, al que nunca llegarán ya que el avión estalla y los dos quedan varados en una isla de Asia. Ahí es cuando aparece la segunda faceta, y más real, de Linda: una experta en la aventura, en cazar animales y dominar distintas habilidades a la intemperie. También es cuando los roles cambian: Bradley dependerá en varios momentos de la ayuda de Linda para sobrevivir. La película se transforma en una lucha, mental y por momentos física, de quien manda en ese espacio donde no hay reglas claras como en un trabajo común. Pero también, en el segundo acto, la dinámica de la pareja se asemeja a las tensiones de una comedia romántica, aunque de a poco el límite de personaje “bueno” y “malo” se vuelve difuso para dar pie al gore, al humor negro y alguna escena de terror clásico que Raimi mejor sabe hacer.
Ese virtuosismo para combinar distintos géneros, al igual que el uso de cámara característico (recurriendo, por ejemplo, al punto de vista de los personajes) transforma a la película en algo más que un simple homenaje a Náufrago o Misery. El tercer acto es donde aparecen algunos giros, tal vez un tanto excesivos, para cerrar un largometraje muy disfrutable con una dupla actoral que funciona muy bien y que además está lejos de la solemnidad que pueden reinar en este tipo de películas. A esto hay que sumar la música que incorpora el también consagrado compositor Danny Elfman, para asemejar el relato a un film de la década de los 90’, donde era más habitual encontrar estas comedias negras.
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