Título original: Affeksjonsverdi // Origen: Noruega – Alemania – Dinamarca – Francia – Suecia – Reino Unido – Turquía // Dirección: Joachim Trier // Guión: Eskil Vogt, Joachim Trier // Intérpretes: Renate Reinsve, Stellan Skarsgård, Inga Ibsdotter Lilleaas, Elle Fanning, Cory Michael Smith, Lena Endre, Anders Danielsen Lie, Jesper Christensen, Catherine Cohen, Jonas Jacobsen, Bjørn Alexander, Pia Borgli // Fotografía: Kasper Tuxen // Montaje: Olivier Bugge Coutté // Música: Hania Rani // Duración: 135 minutos // Año: 2025 //
7 puntos
BERGMAN EN VOZ BAJA: JOACHIM TRIER Y EL DRAMA FAMILIAR CONTEMPORÁNEO
Por Guillermo Colantonio
En principio, podríamos sintetizar la película en una línea: se trata de un laborioso retrato acerca de los intentos de reconciliación entre un padre y sus dos hijas. Laborioso porque a Joachim Trier, el director de Valor sentimental, no le interesa urdir una trama narrativamente sólida, sino privilegiar una sucesión de viñetas emocionales. Algunas, más intensas que otras. De modo tal que el peso dramático se visibiliza a partir de soberbias actuaciones, muy por encima del trillado tema de los vínculos familiares. Por lo pronto, el título remite a varias capas de sentido. Entre ellas, el apego a ciertos lugares (esa casa que se torna ligera ante la ausencia de quienes la habitaron) y a objetos que quedan desperdigados luego de la muerte de una madre. El rasgo distintivo se funda en la habilidad del director para filmar diálogos y situaciones a partir de los cuales las rencillas del pasado se manifiestan sin perturbar un principio de moderación imperante. Este escape a cualquier enfoque misántropo -tan característico en los tiempos presentes-permite sobrellevar la carga emotiva, pese a la excesiva duración.
Gustav Borg (Stellan Skarsgard) es un excéntrico cineasta cuya vida de artista no ha sido del todo compatible con lo esperable de un padre, un viejo tópico del cual la historia del cine ha brindado sobrado testimonio. Se reencuentra con sus dos hijas (Renate Reinsve, Inga Ibsdotter Lilleaas) en el funeral de su ex esposa, la cual se ha quitado la vida. Los motivos de tal decisión aparecen escindidos y un dato importante nos es revelado en una película que Borg realizó sobre la historia de su mujer, sobreviviente del nazismo. Ahora quiere hacer su testamento fílmico y le ofrece a su hija actriz un rol importante. Cuando ésta se niega, entra en acción Rachel Kamp (Elle Fanning). Lo que sigue completa el viaje emocional, entre recuerdos y vicisitudes del presente. Las relaciones entre el arte y la vida, las consecuencias en el núcleo familiar, los traumas históricos y personales, lo público y lo privado, son algunos de los ejes que navegan en un desarrollo temporal sin estallidos.
Hay dos escenas particularmente llamativas. Una obedece al orden de lo consciente y se evidencia como chiste. Borg asiste al cumpleaños de su nieto, un chico que apenas roza la adolescencia, y le regala dos DVD. Uno es Irreversible, la controversial película de Gaspar Noé, alabada y repudiada en dosis iguales por el público y la crítica; el otro es La profesora de piano, título no menos provocativo de Michael Haneke. El abuelo aclara: “Aprenderás mucho sobre las mujeres con estas películas”. La broma funciona y es, acaso, el modo en el que Trier se despega de esa mirada sórdida y desafiante que despliegan visualmente sus colegas. A cambio, Valor sentimental elige un camino más tranquilizante y equilibrado, con imágenes fuertes de mujer, pero sin patear la cara de ningún espectador.
La otra escena parece una representación del famoso texto de Freud, El chiste y su relación con el inconsciente y acaso pertenezca al orden de lo arbitrario. Borg sostiene en una conversación que “los artistas de hoy son burgueses y que no podrían crear un Ulises como lo hizo Joyce”. La resonancia es llamativa si se toma tal declaración en espejo con las intenciones de una película como Valor sentimental que, en el mejor de los casos, es precisamente una aproximación aburguesada a grandes dramas del pasado. Trier parece querer inscribirse en una tradición nórdica de cine de autor y consigue ser, al menos, una versión moderada de Ingmar Bergman en la era digital.
De todos modos, lo anterior no invalida que estemos ante un sólido ejercicio sostenido en soberbias interpretaciones y un final memorable. Con eso basta.
Si disfrutás los contenidos de Funcinema, nos gustaría tu colaboración con un Cafecito para sostener este espacio de periodismo independiente:

