–Por Rodrigo Seijas
(@rodma28)
Algunos criticaron que esta segunda temporada de The Pitt todavía no termina de arrancar y que recién el final de este episodio indica las pulsaciones comenzaran a acelerarse. Pero creo que no está mal que la construcción de grandes conflictos sea progresiva y lo cierto es que no se puede decir que todavía no esté pasando nada. 9:00 A.M., dirigido por Uta Briesewitz y escrito por el mismísimo Noah Wyle, tuvo dosis repartidas de vértigo y reflexibilidad, aunque todavía lejos de las atmósferas frenéticas que puede llegar a alcanzar la serie. El arranque fue con el ingreso de un joven universitario con una especie de ataque que lo hacía imposible de controlar y un guardia de un campus que, con el correr de los minutos, pasó de ser alguien que lidiaba con un supuesto drogadicto a alguien que se pasó de rosca en el uso de sus armas. También hubo una pintoresca subtrama con una familia, toda ataviada con vestimenta patriótica, que tenía a uno de sus miembros con presión extremadamente baja, lo que se relacionaba con el uso de una cantidad de medicamentos que era prácticamente una farmacia ambulante. Pero en realidad las historias principales fueron otras, comenzando por la niña que tenía heridas que parecían relacionadas con violencia doméstica, aunque resultó ser por una condición médica particular que la hacía vulnerable a golpes y caídas. La situación se puso realmente tensa en un momento y parecía que se le escapaba de las manos a Santos (Isa Briones), aunque “solo” derivó en una ruptura bastante pública entre el padre y la novia, en una de esas escenas de parejas peleándose donde todos los que están alrededor pretenden estar haciendo otra cosa. Asimismo, hubo un choque automovilístico que dejó un fallecido -gran momento cuando, ante la consulta de la novata Joy Kwon (Irene Choi) sobre si no corresponde un momento de reflexión, Robinavitch (Noah Wyle) contesta “va a seguir muerto cuando volvamos”- y dos heridos graves. Estos últimos eran una pareja, con el marido que luce en primera instancia paralizado y su mujer que manifiesta inicialmente que no tiene nada, aunque resulta luego tener un sangrado interno. En un par de secuencias y diálogos, podemos intuir la evolución de esa pareja, cómo ese vínculo afectivo fue afectado por las vicisitudes del día y la forma en que el accidente lleva a que ambos deban repensar ese lazo. Hay un gran manejo de ritmos y sensibilidades con todo lo referido a estos pacientes, al igual que con la última historia importante, centrada en un paciente (Derek Cecil) al que le diagnostican que tiene un tumor en el cerebro y que se reencuentra con su ex esposa, a la que tenía como contacto de emergencia. Es McKay (Fiona Dourif) la que debe lidiar con esta situación, y lo hace con su habitual profesionalismo y empatía, notándose que la carga es pesada. Aquí todo es más homogéneo y pausado, pero igualmente conmovedor y efectivo, destilando dosis de melancolía importantes, en una demostración de que los realizadores de The Pitt saben construir situaciones con impacto variado. 9:00 A.M. también demostró que Wyle es un guionista consumado y no solo un gran actor. Aunque claro, el cierre dejó todo servido para una aceleración de los tiempos, con la noticia de que un hospital cercano va a cerrar su sala de emergencias y derivar a todos sus pacientes. La frase final la escuchamos de Robinavitch -quien antes tuvo que soportar que una paciente con quemaduras concluya rápidamente que el viaje que va a emprender es producto de una crisis de madurez-, que exclama “debí haberme ido anoche”. Seguro que tiene razón.
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