–Por Rodrigo Seijas
(@rodma28)
Hay que decirlo desde el comienzo: hacer recapitulaciones de una serie como The Pitt es un tanto complicado. Estamos hablando de una serie que, por más que se desarrolla en prácticamente un único espacio que es la sala de urgencias del Hospital de Pittsburgh, presenta una enorme de multiplicidad de tramas en cada episodio. En The Pitt pasa de todo, todo el tiempo, y el primer capítulo de esta segunda temporada, 7:00 A.M., dirigido por John Wells (habitual productor) y escrito por R. Scott Gemmill (creador y showrunner) es una demostración de ello. También es un ejemplo de cómo darle el puntapié inicial a lo que se espera sea otro arduo turno de trabajo (esta vez durante el 4 de julio, Día de la Independencia de los Estados Unidos) para los protagonistas. Empezando por Michael Robinavitch (Noah Wyle), que espera esa misma noche salir de vacaciones, aunque ya la jornada laboral le presenta componentes desafiantes, como el tener que lidiar con la que va a ser su reemplazante como jefa de turno, la Doctora Baran Al-Hashimi (Sepideh Moafi). Cada uno, se nota casi desde el comienzo, manejan tonos y métodos distintos, y verlos tratar de complementarse y realizar una transición adecuada sea seguramente uno de los ejes de conflictos de la temporada. Pero “Robby” también se reencuentra con Frank Langdon (Patrick Ball), quien retorna luego de su suspensión por el robo de medicinas y eso le abre otro frente problemático, al que afronta con una decisión que dice mucho, en varios sentidos: mandar al “hijo pródigo” a Triaje, que es como ponerlo en penitencia. Este gesto forma parte de una de las fortalezas de la serie, a partir de cómo expresa estados de ánimo o posicionamientos mediante acciones específicas, que en muchos casos introducen una particular economía narrativa. Otra fortaleza es la recurrencia al humor, no solo irónico, sino también el relacionado con lo insólito o la incomodidad, como ese abrazo espontáneo y feliz que le da Melissa King (Taylor Dearden) a Langdon cuando se reencuentra con él. O el comentario de Cassie McKay (Fiona Durif) sobre sus necesidades sexuales frente a una atónita Samira Mohan (Suprisa Ganesh). Pero, más allá de otra vuelta, que fue la de Dana Evans (Katherine LaNasa), que volvió a accionar como un pulpo, funcionando como espejo femenino de Robinavitch, estuvieron los pacientes. Un hombre (Derek Cecil), por ejemplo, que parece tener demencia. Una niña con signos de violencia que podrían estar relacionados con cuestiones familiares o quizás algo más. Un indigente tan sucio que apesta y que es enviado a una ducha intensiva. Y un bebé que aparece abandonado en el lobby, que luce sano y con varios meses de vida, y al que le realizan una batería de análisis para ver su estado de salud. Que 7:00 A.M. finalice con Al-Hashimi observando shockeada los resultados anticipa que el caso va a salir, efectivamente, fuera de lo común, como casi todo en The Pitt.
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