–Por Rodrigo Seijas
(@rodma28)
Si el capítulo previo había instalado algunas dudas a partir de ciertas decisiones narrativas que no parecían del todo lúcidas, Landman acomodó todo rápidamente y terminó entregando un final de temporada prácticamente perfecto. Tragedy and flies, dirigido por Stephen Kay y escrito por Taylor Sheridan, tuvo todo lo que hace a esta una gran serie: un ritmo frenético en los momentos importantes, diálogos afiladísimos, frases directas y a la vez cargadas de sentido, incluso un nivel de espectacularidad inesperada en una secuencia con un choque automovilístico que a la funcionó como un gran chiste. Y, también, un puñado de resoluciones que pusieron a los protagonistas en posiciones que seguramente generen toda clase de conflictividades potentes en la tercera temporada. Hubo, para resumir, tres grandes ejes: el primero y más urgente estuvo relacionado con el intento de violación de Ariana (Paulina Chávez), que rápidamente muta en acusación contra Cooper (Jacob Lofland). Los detectives a cargo del caso, astutos y a la vez mala leche, se aprovechan de que el violador murió luego de la golpiza de Cooper, y lo empiezan a someter a un interrogatorio sin siquiera haberle leído los derechos. Ahí es donde entra en escena, luego de una llamada de Ariana, Rebecca (Kayla Wallace), para demostrarnos que los abogados son en el cine y la televisión un poco como los perros y los caballos: siempre rinden. Tanto la escena donde detiene el interrogatorio por teléfono como la siguiente en la que se presenta en la comisaría son una delicia en su despliegue letal de jerga legal para poner a dos agentes en su lugar. La frutilla del postre la pone Tommy (Billy Bob Thornton) en una reunión con los dos detectives, el comisario, el jefe de policía y el fiscal de distrito, en la que acomoda todo no solo a partir de lo ideológico, sino también de lo ético y lo moral. En el medio, el episodio también supo encarrilar la subtrama de Ainsley (Michelle Randolph), quien halló un punto de conexión con su compañera de cuarto, Paigyn (Bobbi Salvör Menuez), a partir de un par de gestos mutuos de cuidado y empatía. Ese reacomodamiento también lleva a que tanto Ainsley como su madre, Angela (Ali Larter), empiecen a aceptar que ya no pueden seguir todo el tiempo una junta a la otra, en otra escena que dice mucho más desde lo gestual que desde las palabras. Finalmente, la trama más compleja y tensa fue la relacionada con el despido de Tommy y, como él mismo dice en una escena, si puede anotar un jonrón más. Y vaya si lo logra, porque consigue montar una empresa propia de la nada, aprovechando el territorio y los pozos que ya descubrió Cooper, en un plan improvisado, que amenaza con caerse luego de una reunión fallida con un potencial inversor y que al final se concreta gracias al apoyo financiero de nada menos que Gallino (Andy Garcia). Toda la maniobra es un gran “fuck you” a Cam (Demi Moore), que se queda sola en su apuesta por descubrir un nuevo pozo de gas y ni siquiera logra que Nathan (Colm Feore) acepte la presidencia de la empresa. Este último se permite decirle que la empresa está hecha para ser vendida y que debe hacerlo, aunque uno supone que no lo hará, lo cual seguramente tendrá repercusiones para ella, alguien que no luce hecha para un negocio complejo como el petrolero. Los minutos finales tienen tres pequeñas grandes escenas que resumen en buena medida el espíritu tanto del capítulo como de la serie. Primero un diálogo entre Cooper y Tommy, donde el hijo le confiesa al padre que siente que los problemas y la muerte lo persiguen como moscas. Luego una secuencia mucho más alegre y divertida, donde queda oficialmente inaugurada la empresa familiar, con Cooper como cabeza visible, Tommy como segundo, T.L. (Sam Elliott) como jefe de exploración y toda la pandilla laburante como parte. Lo que arman es casi una cooperativa y el espíritu emprendedor, arriesgado y hasta un poco demente, hace recordar a otro gran final de temporada, que fue el de Mad men cuando los protagonistas abandonaron la agencia publicitaria en la que trabajaban para inaugurar una propia. La última escena, feliz y al mismo tiempo melancólica, la compartieron Tommy y Angela, con él diciéndole que eventualmente sus vidas serán pura tragedia, pero que ese día es de victoria y éxito. El plano final de Tragedy and flies, donde Tommy le da la espalda a ese lobo amenazante que ya lo había interpelado en el cierre de la primera temporada, es de un simbolismo perfectamente ajustado. Sheridan es, posiblemente, el mejor creador de imágenes en la televisión del presente, y esta clausura de la segunda temporada de Landman lo ratifica.
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