Título original: Marty Supreme // Origen: EE.UU. – Finlandia // Dirección: Josh Safdie // Guión: Ronald Bronstein, Josh Safdie // Intérpretes: Timothée Chalamet, Larry ‘Ratso’ Sloman, Odessa A’zion, Ralph Colucci, Tyler the Creator, George Gervin, Luke Manley. Marinel Tinnirello, Fran Drescher, Sandra Bernhard, Emory Cohen, John Catsimatidis, Géza Röhrig // Fotografía: Darius Khondji // Montaje: Ronald Bronstein, Josh Safdie // Música: Daniel Lopatin // Duración: 149 minutos // Año: 2025 //
8 puntos
ATRÁPALO SI PUEDES
Por Mex Faliero
Separado de su hermano Benny (que dirigió la interesante La máquina), Josh Safdie parece ser el continuador de la estética de los hermanos, profundizando en Marty Supremo lo que ya habían mostrado juntos en películas como Diamantes en bruto o Good time: viviendo al límite: historias intensísimas, que no se detienen nunca, que van para adelante, incluso a riesgo de necesitar la suspensión del verosímil. Es un cine que puede ser un poco molesto para algún tipo de espectador, pero que sabe contener algunas de las escasas virtudes del cine contemporáneo. Porque en ese vértigo, en esa intensidad, el cine de los Safdie sí cae en algunos clichés del lenguaje de estos tiempos, pero incluso parece por momentos apoderarse de ellos para potenciar el discurso llevando la historia a cimas de absurdo y locura que muchos de los directores actuales no se permiten. Porque no es una locura pensada y estandarizada, sino más bien una forma de entender la constitución de sus personajes y traducirla a la narración. Diamante en brutos era como el Howard Ratner de Adam Sandler y Marty Supremo es como el Marty Reisman de Timothée Chalamet.
Lo más interesante de la película de Josh Safdie es que cuenta una historia real, la de Marty Reisman, un buscavidas que se convirtió en campeón de ping-pong y que en su obsesión por derrotar a un japonés que le ganó una final, avanzará contra todas las dificultades para juntar el dinero y viajar a Japón para tener su ansiada revancha. Pero contra lo que podría parecer otra biografía hecha y derecha sobre un personaje que representa el Sueño Americano, la película es en verdad una representación más grande que la vida de los hechos reales, una reproducción en modo supremo, como bien reza su título. No busquen aquí una traslación bien vestida de las páginas de Wikipedia, sino una reversión libérrima de una vida. El Marty Reisman de la película es un oportunista, un mentiroso patológico y un tipo sin moral que tiene sexo con la mujer de su mejor amigo, ella queda embarazada y él niega toda responsabilidad. Y la película, despojada de toda lectura moral, avanza con el personaje abrazando su causa de irresponsabilidad en la que arrastra a todo el mundo. Claro que hay algunas consecuencias, y toda la subtrama de un mafioso interpretado por Abel Ferrara es una muestra no solo de cómo el personaje sobrevive a todas sus macanas, sino además del predicamento y el desparpajo de la película.
Marty Reisman pariente directo del Frank Abagnale Jr. de Atrápame si puedes, aunque pasado de rosca y menos culposo. Solo hacia el final, cuando cumpla finalmente su objetivo, el protagonista aceptará las consecuencias y se convertirá en aquello de lo que venía escapando. Porque en efectivo, como cantan los Tears for Fears hacia el final, Everybody wants to rule the world. Si todo funciona como funciona en la película de Josh Safdie, bastante es por su propia pericia y sentido del ritmo narrativo, pero también porque cuenta con un Timothée Chalamet totalmente comprometido con el personaje, actuando como si el mundo se terminara mañana y tuviera que dejar una marca para la posteridad. Con esa intensidad, más su cuerpo desgarbado que parece tirar todo para adelante a puro nervio, Marty Supremo se constituye en una de esas extrañas epifanías que entienden la diferencia entre ritmo y vértigo. Una lección de cómo hacer cine contemporáneo sobre la base de un lenguaje que tiene más de un siglo de vida.
