Título original: Yek tasadef sadeh // Origen: Irán – Francia – Luxemburgo – EE.UU. // Dirección: Jafar Panahi // Guión: Jafar Panahi // Intérpretes: Ebrahim Azizi, Madjid Panahi, Vahid Mobasseri, Mariam Afshari, Hadis Pakbaten, Delmaz Najafi, George Hashemzadeh // Fotografía: Amin Jafari // Montaje: Amir Etminan // Vestuario: Leila Naghdi Pari // Duración: 103 minutos // Año: 2025 //
8 puntos
LA DUDA QUE NOS ARRASTRA
Por Guillermo Colantonio
En el título de la última película de Jafar Panahi se halla una de las claves de su cine: aquello que leemos como simple es solo una pantalla de la complejidad y de la riqueza conceptual que atraviesan sus historias. Una anécdota, por mínima que sea, crea carriles subterráneos, para que afloren diversas formas de violencia incrustadas en cada gesto cotidiano. Un simpe accidente, entonces, es la parte del todo. Es la puerta de entrada a un dilema moral cuyo argumento puede sintetizarse en el desesperado intento de comprobación de un hombre, de la necesidad de saber si se ha topado casualmente -y por gracia del destino- con su torturador. No obstante, la mayor gratificación que nos puede dar Panahi es no convertir esto en un espectáculo sensacionalista. Por el contrario, utilizando las herramientas cinematográficas adecuadas, nos sumerge en el conflicto y deja desnudo a todo aquel que se encierre en una historia más de venganza. La cosa no va por ahí. Los personajes y nosotros mismos seremos prisioneros de la duda y del valor referencial que le damos a las palabras, porque Fue sólo un accidente es fundamentalmente una película hablada y desde el comienzo hasta la última escena su impronta será significativa.
Una primera secuencia es clave para inaugurar el juego. Una familia viaja en camioneta y el padre atropella un perro. Su pequeña hija se lo recrimina, como si hubiera sido a propósito. Es la punta del iceberg para un problema sostenido en la sombra de una duda que se amasará como plastilina en torno a la naturaleza del personaje. Inmediatamente van a reparar el vehículo a un taller mecánico. Allí reside la víctima, un trabajador que ha estado preso y ha sido torturado por el régimen. El cree reconocer a su verdugo y reacciona impulsivamente. Lo secuestra y arma una puesta en escena para aplicar el ojo por ojo, diente por diente, sin embargo, es persuadido por el otro y la ejecución se dilata. Mientras tanto, va en busca de otras víctimas y la película comienza a bordear otras modalidades genéricas como la road movie o la comedia. La primera se efectiviza con el constante viaje de los personajes por la ruta y con un horizonte incierto. Mientras haya palabras de por medio, la resolución se dilata; la segunda, por la inclusión de momentos de humor en medio del drama general. Panahi es un cineasta comprometido, pero no filma discursos ni se asfixia en lemas viciados tales como películas justas y necesarias, que muchos ponen como tapa ante cualquier forma que se precie de ser realista o testimonial. En otros términos, estemos donde estemos, el humor es parte de la vida. Sin embargo, la propia lógica del montaje lo va atenuando hasta que llegamos a los últimos veinte minutos, una escena tremenda, llevada al límite de lo artificial, como si fuera un cuadro de Goya o un pasaje del Infierno de La divina comedia.
Con respecto al interrogatorio final, se trata de una pequeña pieza maestra y confirma una vez más la destreza del realizador iraní. Con escasos elementos da vida a un escenario de tensión dramática desesperante. Y recurre a una puesta en escena tan sugerente como enriquecedoramente ambigua. Hasta ese momento, todos los personajes han referido a una figura ausente, no sabemos si con certeza o por necesidad de justicia. Ahora Panahi los deja fuera de campo y filma de frente a ese padre de familia, atado, con el rostro cubierto y una confesión que muestra una vez más el carácter vulnerable de la verdad, desplazada por el flujo verbal. La cámara no se mueve, respeta el espacio dramático y la mirada del espectador. La extraordinaria actuación alimenta aún más el dilema de saber si miente o no. Y todo el impacto emocional se logra con un plano secuencia. Finalmente, sabremos o no si es el torturador, pero a esta altura de las circunstancias el problema moral arrastra a todos los seres humanos.
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