Título original: Dreams // Origen: México / EE.UU. // Dirección: Michel Franco // Guión: Michel Franco // Intérpretes: Jessica Chastain, Isaac Hernández, Rupert Friend, Marshall Bell, Jim Anderson, Eligio Meléndez, Tracy Todd, Tatiana Ronderos, Nessa Dougherty, Nicholas Gould, Lee Braithwaite, Sedrick Cabrera, Phillip Caires, Scott Jordan // Fotografía: Yves Cape // Montaje: Óscar Figueroa, Michel Franco // Vestuario: Mitchell Travers // Duración: 95 minutos // Año: 2025 //
4 puntos
UNA PESADILLA
Por Mex Faliero
El mexicano Michel Franco viene filmando desde la primera década de este siglo, pero su nombre se convirtió en firma prestigiosa hace algunos pocos años. Recuerdo haber visto la incomprensible Nuevo orden, una de esas películas monocordes hechas por directores que disimulan en truquitos narrativos y en silencios sobreactuados su falta de sustancia. No es el caso de Dreams: sueños, su nueva película, donde los conflictos de los personajes se expresan hasta la náusea, y donde hay algo de griterío, pero el film protagonizado por Jessica Chastain tiene algunos otros problemas, especialmente el ingreso del director al salón de los misántropos consagrados, ese en el que su compadre Alejandro González Iñarritu marca tendencia y aparecen otros nombres lustrosos del cine del presente como Ruben Östlund o Yorgos Lanthimos.
Dreams: sueños es otro de esos ejemplos de misantropía cinematográfica tan de moda, aunque el director nos engaña por un buen rato acerca de sus verdaderas intenciones. Lo que hace Franco es contar la historia de amor y pasión entre un joven bailarín mexicano, inmigrante ilegal en EE.UU., y una mujer adinerada, dueña de una fundación que patrocina a jóvenes bailarines. Ese tipo de amor en el que los personajes ni bien se ven comienzan a sacarse la ropa y siempre hay alguna forma extraña de puesta en escena para mostrar cómo los personajes cogen como animales, aquí en una escalera. Decía que la película nos engaña, porque por más que oculte en esa simple historia de amor los temas importantes, cuestiones como la inmigración, las relaciones de poder y la culpa progresista se trafican acertadamente a través de la relación entre Jennifer y Fernando. Y además porque Chastain e Isaac Hernández tiene química suficiente para incendiar la pantalla, y se lucen tanto en lo introspectivo como en lo corporal.
Ahora bien, llegado determinado momento la película ingresa en una zona gris de la que termina saliendo por encima del paredón en vez de buscar la puerta. Sabemos que lo de Jennifer y Fernando es imposible, pero Dreams: sueños en vez de conformarse con el melifluo ritmo del melodrama, le hace tomar a los personajes decisiones absolutamente incongruentes con la lógica que manejaban. Y así como él se torna un violento de campeonato, y el último acto incluye hasta una violación, la idea que campea es que en definitiva el personaje de Chastain se merecía algo. Lo poco bueno que había edificado el director mexicano lo dinamita con una resolución traída de los pelos, provocadora al divino botón. Es, finalmente, el triunfo del director que en camino de no dejarse ganar por la lógica del relato termina alumbrando ideas aleccionadoras y miserables. Una de esas películas que creen que violentar al espectador es la acción correcta para hacerle ganar conciencia. Y lo que más pierde, es el cine.
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