Título original: Idem // Origen: Argentina // Dirección: Guadalupe Yepes // Guión: Laura Santoro, Guadalupe Yepes // Intérpretes: Carla Pandolfi, Luis Machín, José María Monje, Daniel Valenzuela, Francisco Andrade, Corina Romero, Ignacio Gadano, Mario Segade, Jorge Gentile, Gilda Scarpetta, Elvira Onetto // Fotografía: Hugo Colace // Montaje: César Custodio, Geraldina Rodriguez // Música: Leo Sujatovich, Luna Sujatovich // Duración: 90 minutos // Año: 2025 //
4 puntos
CUESTA ABAJO
Por Mex Faliero
En plena dictadura argentina, allá por 1977, una mujer casada con un empresario que tiene lazos con los militares, decide rebelarse contra ese poder machista y faccioso que se impone en su hogar tras poner su vida en riesgo cuando su mejor amiga es desaparecida. La película de Guadalupe Yepes tiene una clara intención: contar la dictadura desde un lugar diferente, corriendo el punto de vista hacia un personaje lateral que habitualmente quedaría en segundo plano, o en todo caso relegado al papel de simple acompañante. Esto es interesante en los papeles y a la directora le habilita la que parece ser su principal ambición, convertir a Desbarrancada en otra de las épicas feministas que afloran en el cine contemporáneo, contando el intento de empoderamiento de su personaje en un contexto sumamente complejo. No funciona, no tanto por las intenciones sino más bien por tonos que la película incorpora sin nunca acertar en la forma.
Gina, personaje al que Carla Pandolfi se entrega completamente, es ese estereotipo de mujer anestesiada que de pronto, cuando las balas pican cerca, despierta y comienza una ligera revolución. En primer momento esa movilización es sensual y sexual por la presencia de un cuidador de caballos que trabaja en la casona que administra con su esposo Carlos, un Luis Machín desbordado, como siempre que elige estos villanos de manual. Hay en toda esa subtrama un aire kitsch que sobrevuela y la película podría explorar un camino más bien absurdo, de parodia de telenovela, pero el tema de fondo es tan pesado que el contraste termina resultando abrumador: Desbarrancada no puede ni siquiera imaginarse lejos de algo parecido al alegato, cuando involuntariamente habilita algunas risas.
Lo mismo ocurre con el personaje de Machín, ridiculizado y grotesco, un villano con peluquín que la película pretende volver temible, aunque eso nunca sucede. La tensión en el vínculo entre Gina y Carlos funciona sólo por momentos, y para cuando la película intenta convertirse en un thriller político uno ya está en otro lado, pensando en las posibilidades humorísticas del universo que plantea Desbarrancada y que nunca se tuvieron en cuenta. Precisamente el título termina siendo una metáfora no deseada del rumbo que adopta la película, confusa y autoparódica, con una ejecución que nunca encuentra el timing suficiente para hacer que sus ambiciones encuentren un camino y se sientan posibles.
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