Título original: Idem // Origen: Argentina // Dirección: Iván Vescovo // Guión: Mauro Andrizzi, Ignacio Ceroi, Iván Vescovo // Testimonios: Iñaqui Mazza, Abyss // Fotografía: Fernanda Montiliengo, Iván Vescovo // Montaje: Florencia Gómez García, Iván Vescovo // Música: Simon Saieg, Rodrigo Martinez // Duración: 88 minutos // Año: 2025 //
6 puntos
UN COMING-OF-AGE SOBRE DOS RUEDAS
Por Gabriel Piquet
Se podría decir que la mayoría de las películas o documentales deportivos siguen la estructura narrativa de lo que se denomina el camino del héroe. Esta no es la excepción, aunque en su primera parte la presentación del personaje y su conflicto parezcan conducir hacia otro rumbo. En ese comienzo conocemos a Iñaki Mazza, un medallista de oro que ganó la competencia de BMX en los Juegos Olímpicos de la Juventud realizados en Buenos Aires en 2018. Luego de dos años sin estar tan vinculado a su bicicleta por desacuerdos con el ambiente deportivo olímpico, algunos de sus amigos intentan que vuelva a conectar con su pasión.
Así, el protagonista emprende un viaje a Rosario, donde de a poco vuelve a reincorporarse a su hábitat natural: los parques de BMX. Una amiga lo invita a una jam con temática de disfraces que se realizará en la Ciudad de Córdoba. Ya entre las sierras, luego de un trip (viaje con hongos), dice que algo lo movilizó a reencontrarse con su pareja, que está en un centro de rehabilitación en Ushuaia. Aquí es donde realmente comienza el documental, o mejor dicho, donde la premisa del título se cumple. Los 3000 kilómetros que separan ambas ciudades (Córdoba-Ushuaia) son el recorrido que hará Iñaki en su BMX para llegar a su objetivo: encontrarse con Abyss.
Todo lo que narrativamente se necesita para que la historia sea interesante sucede como en una carrera de postas: los obstáculos a superar van apareciendo a medida que el personaje avanza en kilómetros. Algunos de estos momentos resultan más atractivos -una pérdida/robo o una lesión física-, le otorgan la épica que la trama requiere. Otros, en cambio, son meros pasajes de relleno que no aportan demasiado a lo que venimos viendo.
Durante todo el documental hay una búsqueda, a veces parece involuntaria, otras más deliberada: me refiero a la presencia del humor. El intento del protagonista por vender su medalla de oro en casas de empeño -donde descubrimos que no es tan valiosa materialmente como se cree-; el amigo que indica al equipo del documental hacia dónde se fue Iñaki después de su viaje con hongos (una especie de clon moderno de Paolo el Rockero); el pronóstico meteorológico fallido que su padre le anuncia para el día siguiente (una posible analogía de su relación); o los mensajes de texto de su pareja, que son poesías, en algunos casos crípticas y en otros no tanto.
Iñaki, luego de escuchar una de esas poesías con contenido erótico/sexual, le dice a uno de sus compañeros de viaje: “Cada vez que hablo con ella solo me responde con poemas y quedo medio manbeado, no sé qué pensar, saco mi interpretación, no sé qué pensar”, mientras le pregunta a su amigo si quiere escuchar los mensajes, y este está dormido.
Conocemos la historia de Iñaki previa a su consagración deportiva a través de algunos pasajes en los que él mismo relata su vida. Siempre fue un espíritu libre: desde chico hizo lo que quiso y no tuvo muchos límites por parte de sus padres. El entorno familiar aparece en pequeñas secuencias en las que interactúan con él; no se profundiza mucho en los vínculos. Solo escuchamos opiniones del padre y la madre. El hermano mayor no habla: solo aparece para contextualizar un lugar donde solían andar en bicicleta cuando eran chicos, en Río Grande. La relación con su pareja queda más expuesta hacia el final del documental. Durante el viaje de Iñaki, ella aparece en pequeños clips donde se escuchan algunas de sus poesías; esto le sirve al espectador para tener una especie de introducción a lo que veremos más adelante.
3000 kilómetros en bicicleta me generó una sensación de cercanía con el universo adolescente que muestra en esas tribus de BMX que el protagonista va cruzando a lo largo de su viaje. En algunos momentos hay un dejo del cine de Larry Clark. En otra parte aparece junto a su hijo Astro, Simón Saieg (Perras on the Beach, Simón Poxyran), actualmente Doppel Gangs, quien junto a Rodrigo Martínez es creador de la música que escuchamos, uno de los puntos más altos de la película.
Si disfrutás los contenidos de Funcinema, nos gustaría tu colaboración con un Cafecito para sostener este espacio de periodismo independiente:


1 comentario en «3000 kilómetros en bicicleta»
Comentarios cerrados.