–Por Rodrigo Seijas
(@rodma28)
Ya entrando en la recta final de su tercera temporada, Tulsa King entregó un capítulo que bordeó peligrosamente el inverosímil, pero que aún así fue entretenido. Nothing is over, dirigido por Guy Ferland y coescrito por Sylvester Stallone, volvió a poner en el centro a la subtrama del terrorista Dexter Deacon (Dallas Roberts), lo que le sirvió al mismo tiempo para indicar que la disputa entre Dwight (Stallone) y Dunmire (Robert Patrick) está lejos de ser zanjada. También para justificar narrativamente el emprendimiento propio de Tyson (Jay Will) y Spencer (Scarlet Rose Stallone), que montan una fiesta para vender las drogas que robaron. Y hasta para explicar la desaparición de Bevilaqua (Frank Grillo) del relato, en un diálogo filoso entre Dwight y el Agente Musso (Kevin Pollak), que sin embargo no terminó de darle real sentido a una ausencia algo arbitraria de un personaje interesante. Precisamente el episodio tuvo como uno de sus ejes a un operativo conjunto entre Dwight y Musso para atrapar a Deacon, aunque este se ve venir que algo anda mal. Por eso es que llega a un acuerdo con Dunmire, al cual le hace un favor ciertamente tétrico: poner una bomba en el hotel donde Cal Thresher (Neal McDonough) hará un gran acto de campaña, con invitados muy importantes y de la que participa como organizadora Margaret (Dana Delany). Así es como se organizan tres espacios principales sobre los cuales el capítulo va escalando en tensión. Por un lado, Dwight cortándose solo, eludiendo la vigilancia de Musso y secuestrando a Deacon para hacer justicia por mano propia, en una sesión de tortura preparada meticulosamente, de la que participan también Bigfoot (Mike «Cash Flo» Walden) y Mitch (Garrett Hedlund) y que culmina de la peor manera posible para Deacon. Por otro, el acto de campaña, que incluye un incómodo diálogo entre Thresher y Margaret, en el que este le advierte que tiene claro que, si cualquier cosa mal, ambos se verán arrastrados por las acciones de Dwight. En el medio, la fiesta de Tyson y Spencer, a la que arriba de improviso Cole Dunmire (Beau Knapp) para avisar de los planes de su padre. Esto último dispara una carrera contra el tiempo, con llamadas telefónicas entre Tyson, Dwight y Musso, una llegada de último minuto al hotel y una evacuación que se da justo antes de una masiva explosión. En Nothing is over no pasa mucho más, porque con los eventos narrados basta y sobra, y lo cierto es que todo pasa de forma un tanto forzada, aunque la velocidad que la puesta en escena le imprime a lo que cuenta hace que el espectador no tenga mucho margen para interrogar la consistencia de todo lo que ve frente a sus ojos. A la vez, quedan varios interrogantes de cara a los últimos dos episodios, particularmente en lo referido a las relaciones entre Dunmire padre e hijo, y de Dwight con Musso. Definitivamente, como señala el título del episodio, nada ha terminado.
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