Título original: Play dirty // Origen: EE.UU. / Australia // Dirección: Shane Black // Guión: Shane Black, Chuck Mondry, Anthony Bagarozzi, basado en la serie de libros de Donald E. Westlake // Intérpretes: Mark Wahlberg, LaKeith Stanfield, Rosa Salazar, Keegan-Michael Key, Chukwudi Iwuji, Nat Wolff, Gretchen Mol, Thomas Jane, Tony Shalhoub, Hemky Madera, Alejandro Edda, Claire Lovering, Chai Hansen, Sebastian Carr, Peta Wilson // Fotografía: Philippe Rousselot // Edición: Chris Lebenzon, Joel Negron // Música: Alan Silvestri // Duración: 125 minutos // Año: 2025 // Plataforma: Prime Video
5 puntos
ELECCIONES EQUIVOCADAS
Por Rodrigo Seijas
(@rodma28)
Teniendo en cuenta los antecedentes de Shane Black, Juego sucio es una decepción importante. Estamos hablando no solo del guionista de Arma mortal y El último gran héroe, sino también del realizador de un puñado de grandes films (en algunos casos fracasos injustos), como Entre besos y tiros, Iron Man 3 y Dos tipos peligrosos. Aunque también es cierto que Black venía de una película un tanto fallida como El depredador, donde parecía tener un gran material entre manos no conseguía explotar adecuadamente. Y acá sucede algo parecido: un film que solo de a ratos encuentra el tono apropiado y que luce entre inflado y estirado.
Otra vez estamos ante un punto de partida que parecía hecho a la medida de Black: el universo literario de Parker, el ladrón experto y despiadado creado por Donald E. Westlake, nos recuerda a los mundos entre juguetones y oscuros que habíamos visto en los films escritos y/o dirigidos por el cineasta. Claro que el personaje ha tenido adaptaciones dispares: por ejemplo, está la muy interesante Revancha, con Mel Gibson, pero también ese bodoque que es Parker, con Jason Statham. Ya el arranque de Juego sucio es de mínimo desparejo, con Parker (Mark Wahlberg) participando de un robo violento que no sale del todo bien y una persecución donde el uso de lo digital quita toda sensación de realismo en la violencia. Lo que sigue es una traición ejecutada por Zen (Rosa Salazar), integrante de la banda, a la que Parker apenas si sobrevive. Parker eventualmente consigue ubicar a Zen, pero cuando se apresta a cobrar venganza, ella lo convence de participar de otro robo, mucho más grande. Este implica un tesoro de un navío español hundido en las aguas de algún país latinoamericano manejado por un dictador que lo quiere vender de forma clandestina, en una “transacción” que involucra a un grupo mafioso neoyorquino con el cual Parker tiene una historia particular. Obviamente, nada saldrá como se esperaba y Parker solo podrá confiar en algunos viejos amigos como el interpretado por LaKeith Stanfield.
Si el mundo que habita Parker parece ser el policial duro y conciso, y con un humor seco y negro, la estructura argumental y la puesta en escena de Juego sucio va para el lado del gigantismo vacuo, con una trama enredada y vacua a la vez, que se pretende canchera, pero resulta ser bastante ingenua. Black pareciera confundir la necesidad de acción que puede llegar el espectador promedio de Prime Video con secuencias dominadas por lo digital y rodadas de forma bastante torpe. Pero, además, si el director y guionista ha sabido manejar la violencia y la ironía como recursos cómicos, acá rara vez acierta, como si hubiera perdido una buena porción de su magia creativa.
Es cierto que hay algunos buenos chistes y que, particularmente hacia el final, surgen ciertas acciones que preservan códigos propios del submundo criminal. Pero también que la sensación que prevalece es que Black se equivocó feo en las elecciones estéticas, extirpándole la fisicidad que pedía una historia poblada por individuos con éticas retorcidas. Juego sucio se olvida de que, a veces, menos, es más, y paga muy caras las consecuencias.
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