EL OCASO DEL VIEJO CINE DE SUPERHÉROES
Por Patricio Beltrami
Los Cuatro Fantásticos de 1994 representa una rareza para el subgénero de superhéroes. Durante poco más de treinta años, la falta de una adaptación lograda de la franquicia había elevado la consideración de la película en ciertos círculos de fanáticos o de los cultores del cine clase B. Sin embargo, el estreno de Los Cuatro Fantásticos: primeros pasos invita a reflexionar no sólo sobre el largometraje producido por el mítico Roger Corman, sino también acerca de su lanzamiento en medio del ocaso del viejo cine de superhéroes.
Dirigida por un equipo de profesionales que no tuvieron mayor trascendencia en su paso por la industria audiovisual (Oley Sassone en la dirección junto a los guionistas Craig Nevius y Kevin Rock), Los Cuatro Fantásticos cuenta la historia de origen del equipo de superhéroes. En este caso, un experimento fallido de los universitarios Reed Richards y Victor Von Doom acaba en tragedia. Diez años más tarde, en un intento por honrar la memoria de su amigo muerto, Richards encabeza una misión al espacio para capturar la energía del cometa Coloso junto al piloto Ben Grimm y los jóvenes hermanos Susan y Johnny Storm. Sin embargo, la misión fracasa cuando los astronautas quedan expuestos a la radiación cósmica. Al regresar a la Tierra deberán enfrentarse a un misterioso villano que desea dominar al mundo mientras buscan explicaciones a sus nuevos poderes y habilidades.
La salida más sencilla sería cargar contra este proyecto por ciertos aspectos estéticos que son propios del cine de clase B. En ese sentido, cualquier análisis que omita esta característica seguramente tendrá por objeto la burla o el desprecio hacia una forma de cine. Al igual que numerosas producciones de bajo presupuesto realizadas entre finales de los ochenta y comienzos de los noventa, los efectos especiales han envejecido muy mal. El diseño de los rayos y ondas de energía luce horrible, así como también una secuencia de acción totalmente digitalizada que se desarrolla en el clímax de la película: la Antorcha Humana vuela hacia Nueva York para detener al rayo destructor del Dr. Doom. Colores uniformes exagerados, falta de textura o movimientos extremadamente toscos son algunas de las cualidades de estos efectos defectuosos. No obstante, estos problemas también afectaban a otras producciones de superhéroes de la época como Spawn (1997), que incluso contaba con un mayor presupuesto.
Por otra parte, la historia también posee dificultades para armar su realidad. Más allá de la poca fidelidad que el relato presenta con relación al material de los cómics de Marvel, el mundo que habitan Los Cuatro Fantásticos no se condice con el de los mediados de los noventa. Claramente el cometa Coloso estaba inspirado en el cometa Halley, que orbitó la Tierra en 1986, pero esa mixtura de conflictos entre una carrera espacial que había quedado lejana en el tiempo y la demasiado innovadora búsqueda de nuevas energías sólo representan un pretexto vacío para propiciar las condiciones donde nace esta familia de superhéroes. Sin vínculos con la realidad, héroes y villanos son superficiales en sus encarnaciones del bien y el mal, tanto que las motivaciones malignas del renacido Dr. Doom no encuentran una explicación racional en un relato que no tiene una gota de autoconsciencia. Quizás sí la aparición de una sociedad de marginales podría haber representado una suerte de crítica lavada sobre los expulsados del sistema neoliberal, pero finalmente la película los ubica como sujetos discriminados por sus deformidades físicas o por problemas mentales.
Sin embargo, el gran problema de Los Cuatro Fantásticos es que no da cuenta de la evolución que habían experimentado las historias del género desde finales de los setenta, como si no hubiesen existido las Superman de Richard Donner, las Batman de Tim Burton o Darkman de Sam Raimi. Con un registro estético y narrativo más parecido al de las series para televisión, esta película mezcla lugares comunes de lo peor del melodrama, la acción y la ciencia ficción para elaborar un relato tan apático como previsible y falto de ritmo. Cuenta la leyenda que esta versión nunca tuvo lanzamiento en cine porque, supuestamente, los ejecutivos de Marvel querían evitar a toda costa que el descalabro artístico perjudicara la reputación de la franquicia. En esos años, no sólo la firma editorial atravesaba una crisis que parecía terminal, sino que el cine de superhéroes tampoco gozaba de buena salud. Recién en 1998 Blade lograría establecer los cimientos para que el subgénero, lógicamente con altibajos, iniciara sus nuevos años de esplendor a partir de las trilogías X-Men, Spider-Man y Batman. Lamentablemente, Los Cuatro Fantásticos de Roger Corman no ha dejado nada más que una buena anécdota como prueba del ocaso del viejo cine de superhéroes.
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