Por Mex Faliero
Lo primero y fundamental que tenemos para decir de la segunda temporada de División Palermo es que es tanto o más graciosa que su primera parte, con lo cual el éxito de esta comedia creada por Santiago Korovsky está, de nuevo, asegurado. Sus chistes, que son muchos y a una velocidad que se agradece, dan casi siempre en el blanco y confirman que además de una premisa ingeniosa (una guardia urbana integrada por minorías y personas con discapacidades), División Palermo tiene un universo de personajes que son síntesis perfectas que funcionan en su nivel de comicidad, aun tratándose de un personaje de un solo chiste. Con seis sintéticos episodios (algunos superan apenas los 20 minutos), este policial satírico encuentra en esta segunda temporada una forma más fluida: ya sin necesidad de presentar personajes, pero incluso más suelta en su búsqueda del chiste incorrecto o directamente negro. Es decir, División Palermo ya no tiene la necesidad de demostrar(se) que puede hacer chistes con cosas que algunos considerarían ofensivas, sino que directamente va y los hace, como un niño aburrido tirándose un pedo en un velorio. Pero además de su velocidad para el gag visual y verbal, Korovsky y los suyos encuentran aquí algunas otras ideas relacionadas con la lógica narrativa, por ejemplo en la forma en que va depurando supuestos villanos hasta dar con el villano principal. Hay algo sorpresivo en ese andar un poco zigzagueante de la trama y la serie demuestra que además de facilidad para el chiste, hay aquí una mirada sobre los géneros involucrados y una divertida capacidad para subvertirlos. Después, lo que importa: una burla constante a los sectores progresistas, a los conservadores, a los caretas que se suman a cualquier moda, a la hipocresía de las buenas intenciones, incluso a los resortes melodramáticos de este tipo de historias. Y un elenco que funciona como un reloj, con Daniel Hendler sobresaliendo con su criatura entre patética y bonachona. Korovsky confirma que además de ser un muy buen guionistas y un director con algunas virtudes, es un estupendo comediante. Su personaje, torpe pero inteligente, ingresa sin problemas en el panteón de los grandes agentes de comedias policiales, con su cruza entre el Frank Drebin de La pistola desnuda y un personaje ingenuo y sensible de las películas de Judd Apatow. Lo bueno de los guiños y las referencias es que División Palermo tiene con qué para sumarse sin problemas a una tradición humorística que nos ha regalado inolvidables momentos de felicidad.
NdR: las dos temporadas de División Palermo están disponibles en Netflix.
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