Título original: Fountain of Youth // Origen: EE.UU. / Reino Unido // Dirección: Guy Ritchie // Guión: James Vanderbilt // Intérpretes: John Krasinski, Natalie Portman, Eiza González, Domhnall Gleeson, Arian Moayed, Laz Alonso, Carmen Ejogo, Stanley Tucci, Benjamin Chivers, Michael Epp, Daniel De Bourg // Fotografía: Ed Wild // Edición: James Herbert // Música: Christopher Benstead // Duración: 125 minutos // Año: 2025 // Plataforma: Apple TV+
2 puntos
LA PEOR PELÍCULA DE GUY RITCHIE
Por Rodrigo Seijas
(@rodma28)
Guy Ritchie no es un director que me guste particularmente, en especial cuando se la quiere dar de autor canchero que se las sabe todas: RocknRolla y Los caballeros, en particular, son películas terriblemente pedantes e irritantes, que se creen mucho más astutas de lo que realmente son. Pero también es cierto que, en determinadas ocasiones, como en El agente de CIPOL y El Rey Arturo: la leyenda de la espada, ha sabido adaptar con fluidez su estilo videoclipero a lo que piden los géneros y narraciones, y que incluso se ha permitido disolver su estética en favor de lo que se está contando, como en ese policial seco y brutal llamado Justicia implacable. Pero lo de La fuente de la juventud (disponible en Apple TV+) es distinto y en un muy mal sentido.
Porque La fuente de la juventud es una película totalmente impersonal y no solo porque no parece hecha por Ritchie. Lo es porque no parece filmada por nadie, como si hubieran dejado las cámaras prendidas a ver si pasaba algo. O como si la hubiera filmado alguna inteligencia artificial que Apple desempolvó de alguno de sus depósitos. Una inteligencia artificial cansada y vieja, desactualizada y sin inventiva, a la que le pidieron que ponga en imágenes un guión, escrito por James Vanderbilt, bastante perezoso y con una sola idea buena, que está en el título. En ese concepto, que proponía una búsqueda repleta de desafíos, una verdadera odisea, había el germen de algo con potencial de buen entretenimiento, pero después…mamita, todo es más aburrido que un trámite presencial en la ANSES.
El relato de La fuente de la juventud pretende ser uno de aventuras, donde un grupo protagónico intenta hallar ese tesoro legendario que podría dar la vida eterna, pero también uno de dos hermanos (John Krasinski y Natalie Portman) a los que la vida ha llevado por caminos separados. Él se la pasa yendo de un lado al otro del mundo buscando tesoros ocultos e intentando continuar el legado de su padre; ella eligió una vida más previsible como curadora en un museo y una familia que ahora está en disolución, con un divorcio en proceso. Ambos terminarán reuniéndose en una búsqueda que los llevará por distintos rincones del planeta, ayudados por un par de colegas (Carmen Ejogo y Laz Alonso) y un millonario con motivos ocultos (Domhnall Gleeson), y perseguidos por la líder de una especie de sociedad secreta (Eiza González) y por un agente gubernamental (Arian Moayed). El resto, bueno, es previsible.
Y todo es previsible en La fuente de la juventud porque no hay ninguna sorpresa o voluntad de ella. Toda la puesta en escena de Ritchie muestra una pereza total, como si no le importara lo que está contando, porque para eso las exposiciones de los personajes, que se encargan de explicar todo lo que pasa o va a pasar con un didactismo agobiante. Desde El Código Da Vinci que no se veía tanta enunciación de manual de preescolar y eso lleva a que algunas secuencias que podían haber sido muy entretenidas, como las que ocurren en el famoso barco hundido Lusitania o en las pirámides egipcias, terminen siendo soporíferas. En el medio vemos a Krasinski perdidísimo, tratando de hacerse el simpático todo el tiempo y fallando siempre; a Portman confirmando que la aventura y la comedia no son lo suyo; a Ejogo, Alonso, Gleeson, González y Moayed en piloto automático e incluso desganados; y hasta a Stanley Tucci apareciendo un par de minutos, seguramente en una jornada libre que le dejó el rodaje de Cónclave; para luego pasar por caja.
Encima ni siquiera podemos decir que La fuente de la juventud es una película que pase rápido: es pesada, estirada, carente de ritmo y avejentada desde el minuto uno. Ritchie, director que se la pasa filmando y suele generar polémicas, acá va por el consenso: estamos sin dudas ante su peor film, uno que incluso parece renegar de las nobles tradiciones en las que debería inscribirse.
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