Título original: 28 Years Later // Origen: Inglaterra / EE.UU. // Dirección: Danny Boyle // Guión: Alex Garland // Intérpretes: Jodie Comer, Aaron Taylor-Johnson, Jack O’Connell, Alfie Williams, Ralph Fiennes, Chi Lewis-Parry, Chris Gregory, Edvin Ryding, Celi Crossland, Joe Blakemore // Fotografía: Anthony Dod Mantle // Montaje: Jon Harris // Música: Young Fathers // Duración: 115 minutos // Año: 2025 //
8 puntos
ISLAS DEL ABANDONO
Por Marcos Ojea
Cuando Danny Boyle estrenó Exterminio en 2002, el cine de zombies todavía no se había agotado. De hecho, estaba en plena recuperación y puesta a punto. Dos años después Zack Snyder entraría en escena con El amanecer de los muertos, una remake notable del clásico de George Romero. Una linda época para quienes, aún muy jóvenes, estábamos ávidos por ver muertos vivientes en la pantalla. Después, como todo, se sobreexplotó y perdió vigencia. Sin ser malos, diremos que el inicio del fin arrancó en el 2010, con The walking dead, y ya para el 2013, cuando apareció Guerra Mundial Z, los zombies ya empezaban a cansar. Veintitrés años después de aquella primera película, con sus icónicos planos de una Londres arrasada y vacía, y dieciocho después de la segunda parte (dirigida por el español Juan Carlos Fresnadillo), llega Exterminio: la evolución. Los créditos detrás de cámara vuelven a ser los mismos de cuando todo comenzó: Alex Garland a cargo del guión, y Danny Boyle en la silla de director.
El escocés no dirigía una película desde la fallida Yesterday en 2019 (en el medio estuvo la miniserie Pistol), y acá parece haber recuperado algo del nervio inicial de su carrera, al que se suma una pátina de sabiduría, de tiempo transcurrido. La experiencia terrorífica que prometía el tráiler está, pero ocurre de forma desperdigada, acompañando a la historia de iniciación que es el verdadero motor del relato. Un coming of age con un protagonista apenas adolescente, Spike (Alfie Williams), que vive con sus padres en una pequeña isla al norte de Escocia. El lugar, al igual que buena parte de Gran Bretaña, permanece en cuarentena, aislada del resto del mundo. Un mundo que, entendemos, pudo lidiar con la plaga zombie y seguir adelante, abandonando las islas a su suerte. Es así como Spike, su padre Jamie (Aaron Taylor Johnson) y su madre Isla (Jodie Comer) habitan una realidad que parece haber retrocedido siglos, a un tiempo sin Internet, sin celulares, sin médicos. Una comunidad autosustentable, con su tradición oral, sus mitos, sus ritos de iniciación y sus arcos y flechas.
Es justamente en una de estas expediciones, en la que Spike y su padre van más allá de los límites seguros para matar algunos zombies (en plan “hacerse hombre”), que las cosas se complican y prenden la mecha de los acontecimientos. Para Spike será más difícil ver a su padre con otra mujer, mientras su madre agoniza en la cama, que atravesar con una flecha el cuello de un zombie, y esa pérdida de la inocencia será la que cifre el drama posterior. Con una actuación extraordinaria del joven Williams, la película avanza en base a su asombro, a sus descubrimientos y, por supuesto, al sufrimiento inevitable. En medio de un contexto dominado por la muerte, el componente humano (individual, pero también en grupo) resulta fundamental, algo a lo que Garland y Boyle se aferran como un mantra para decidir el destino de sus personajes. Por supuesto que el mundo se fue al carajo, pero todavía queda algo de luz, de calidez en medio del desastre, parecen decir. El ejemplo más claro es el enigmático Dr. Kelson, en la piel de Ralph Fiennes, quizás la mayor sorpresa del film.
No se asusten. Puede que quien suscribe se haya dejado llevar por el drama íntimo y el arco dramático del protagonista, pero Exterminio: la evolución es, en toda regla, una película de zombies. Y cuando va a fondo, logra ser salvaje, bastante gráfica y sin dudas brutal. En un género donde se ha visto de todo, el acierto de Boyle es una puesta escena donde se privilegian los encuadres arriesgados, a veces incómodos a la vista, sobre todo en las secuencias de acción. Lo mejor, sin duda, proviene de la construcción de climas: la larga marcha de Spike y su padre más allá de la isla se entremezcla con imágenes de archivo, de guerra, fugaces reconstrucciones de otra época. Todo puntuado por una voz desgarrada que lee Boots, un poema de Rudyard Kipling, como si fuera una oración que nos acompaña en el descenso a la locura. Quizás es que uno está anestesiado por un presente en donde el mainstream filma casi todo a reglamento, así que cuando atestiguamos este tipo de experimentación, que funciona perfecto, se nos caen los calzones.
Tal vez el único problema de la película sea el de saberse (y sentirse) como parte de un proyecto mayor, la primera parte de una trilogía. Eso explica el tiempo que se toma para narrar ciertos eventos, a los que quizás les vendría bien pisar el acelerador. Al momento de escribir estas líneas sabemos que la segunda parte ya existe, se estrena el año que viene y está dirigida por Nia DaCosta, responsable de The marvels y la última Candyman. Es decir, malas noticias. Pero bueno, por ahora podemos quedarnos con que Exterminio: la evolución cumple en todos sus frentes, a veces con creces, y tiene un final donde los universos de Boyle parecen colisionar. Exterminio meets Trainspotting, parecen decirnos esos escoceses de ropa deportiva que se mueven como una secta, listos para reventar zombies con estilo y colores. Es más que suficiente.
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