Título original: Idem // Origen: // Dirección: Ferzan Özpetek // Guión: Elisa Casseri, Carlotta Corradi, Ferzan Özpetek // Intérpretes: Luisa Ranieri, Jasmine Trinca, Stefano Accorsi, Luca Barbarossa, Sara Bosi, Loredana Cannata, Geppi Cucciari, Anna Ferzetti, Aurora Giovinazzo, Nicole Grimaudo, Milena Mancini, Vinicio Marchioni, Paola Minaccioni // Fotografía: Gian Filippo Corticelli // Montaje: Pietro Morana // Música: Giuliano Taviani, Carmelo Travia // Duración: 135 minutos // Año: 2024 //
5 puntos
A MITAD DE CAMINO
Por Guillermo Colantonio
A juzgar por sus antecedentes cinematográficos, se podría afirmar que Ferzan Ozpetek no le teme al ridículo. Esto siempre implica un camino que se bifurca hacia el desastre o hacia el éxito asegurado. Si prevalece la primera dirección, generalmente se habla del carácter ampuloso, megalómano o grasa de una película, en cambio, si prospera la segunda opción, se suele positivar la osadía. Diamanti, su última realización, parece clavarse en el medio. A partir de una premisa arriesgada, el desarrollo de la trama se balancea de un lado hacia el otro. Por momentos, adquiere una sabia intensidad; por otros, se va hacia la banquina de la ridiculez y del trazo grueso.
El universo femenino es la clave. Ozpetek no elige dos ni tres ni cinco, sino dieciocho actrices reconocidas. La primera secuencia, en medio de un festín gastronómico, nos muestra al director presentándoles el proyecto de la película que desea realizar. Ellas leen el guión y aceptan encantadas. Inmediatamente nos introducimos a un taller de costura para cine y teatro durante la década del setenta en Italia. En medio de un sistema de trabajo con una rigurosa dinámica de trabajo, al borde de la tiranía, las diseñadoras son exprimidas al máximo para cumplir con los plazos y las exigencias de artistas egocéntricos. Más allá de la cuestión laboral y de las presiones, lo que le interesa a Ozpetek es subrayar de qué modo cada historia individual se alterna con la idea de colectivo femenino, una forma de resistencia para enfrentar las peores expresiones del patriarcado. El dilema es que la supuesta reivindicación termina sustituyendo un problema por otro. Sólo una visión torpe y estereotipada puede confundir la posibilidad del feminismo como una versión alternativa pero con los mismos defectos. En este sentido, Diamanti no se distingue de Barbie, la celebrada película de Greta Gerwig. Volvemos a la imagen de los dos caminos. Cuando la gracia y la fotogenia de las mujeres instalan una cierta atmósfera vital, de alegría, el director parece encontrar su tono. En cambio, cuando pierde la elegancia a favor de un discurso visual y verbal tosco, desbarranca el carro narrativo.
Esa misma inestabilidad, ese movimiento que oscila entre el clasicismo de la puesta en escena y los aspectos más berretas del universo telenovelesco, se traslada a la construcción de las hermanas protagonistas. Una (Luisa Ranieri), quien da las órdenes, en una versión despótica y acartonada; la otra (Jasmine Trinca), un personaje más complejo y creíble. Con el resto del elenco sucede lo mismo: gestos y movimientos de sobreactuación y desplazamientos más focalizados en la gracia de los cuerpos y de los rostros. Y si pensamos en las historias individuales, la mayoría están atravesadas por golpes bajos y perfiles dramáticos estereotipados. Toda la garra puesta en el homenaje a la sensualidad femenina, a los logros artísticos a través de la costura, a esos talleres que hicieron posible el recuerdo memorable de las divas y los divos del cine italiano, se desvanece en esas otras escenas domésticas de una pereza absoluta.
La película hace explícita la dedicatoria a tres glorias, Mariangela Melato, Virna Lisi y Monica Vitti. Da la sensación de que las intenciones del agradecimiento son más nobles que el regalo ofrecido.
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