Por Mex Faliero
Aun cuando la temporada tuvo algunos desvíos que se sintieron pasos en falso y la serie se apartó un poco de la premisa laboral de la primera temporada, para meterse de lleno con aspectos más existencialistas relacionados con los dobles y su identidad, Cold harbor, escrito por Dan Erickson y dirigido por Ben Stiller, fue un episodio perfecto y un cierre de temporada tan alucinante como excéntrico. Fueron 75 minutos que contaron con tantos aciertos en el tratamiento de sus temas como en aspectos formales, con un trabajo de puesta en escena memorable que se extendió hasta la mismísima última secuencia ilustrada con Mel Tormé (sí, imposible no recordar Súper secreto!) cantando The windmills of your mind, un cierre entre trágico y romántico para un episodio que tuvo altas dosis de locura y salvajismo… ¡si hasta la sangre llegó a Severance! Podríamos decir que en verdad este cierre de temporada tuvo material para dos episodios: la primera parte, donde se dio un maravilloso (aunque un poco estirado) diálogo entre Mark Innie (Adam Scott) y Mark Outie, en el que se marcó de manera muy inteligente cómo cada uno es una parte separada de un mismo ser (con el Innie negándose a cumplir el plan del Outie para rescatar a Gemma), se sintió más como una consecuencia del anterior The after hours, por lo que podría haber formado parte de ese capítulo. Luego, una vez que Mark Innie regresó a Lumon, Cold harbor comenzó a tomar temperatura, al calor de ideas cada vez más estrafalarias, como la fiesta con una gran orquesta y Milchick (Tramell Tillman) convertido en showman. Fiesta que tenía como objetivo celebrar que Mark completó la tarea denominada Cold harbor, que nos enteramos la semana pasada que sería además la muerte de Gemma. El capítulo se convirtió entonces en un mecanismo de relojería muy similar al cierre de la primera temporada, con Dylan George (Zach Cherry) nuevamente convertido en el némesis de Milchick. La última media hora fue un crescendo a pura tensión, donde Severance retomó su sabia fusión de varios géneros, incluida la comedia satírica en una delirante pelea con Mr. Drummond (Ólafur Darri Ólafsson) que habilitó un regreso heroico de Lorne (Gwendoline Christie) y el asesinato involuntario del gigantesco encargado de seguridad de Lumon, lo que le dio manchones de una sangre roja muy roja a las paredes blancas de la empresa y las camisas blancas de sus empleados. Cold harbor fue derivando hacia el romanticismo trágico, con Mark Innie decidido a salvar a Gemma para que Mark Outie la pueda recuperar, aunque su mente está con la ahora revolucionaria Helly (Britt Lower). La multiplicidad de elementos que se cruzan en un plano de Severance estallaron en este gran final, perfectamente musicalizado y ejecutado con un uso del encuadre y de la fotografía que constituye uno de esos momentos históricos de la pantalla chica: el plano congelado del final es como una de esas pinturas ridículas que habitan Lumon. Tal vez el único punto en contra de este camino que tomó Severance es que, en lo personal, el romance entre Mark y Gemma no me importa demasiado, más allá de que lo hayan querido construir con el celebrado Chikhai Bardo, que a mí me dejó medio indiferente. Definitivamente Cold harbor fue el mejor capítulo de Severance hasta el momento y nos dejó con algunas resoluciones, pero con el nervio de saber qué pasará con Mark Innie y Helly corriendo por los pasillos de la empresa; qué pasará con Milchick a punto de enfrentarse a Dylan y la banda de músicos; y sobre todo qué ocurrirá con Gemma liberada y con Harmony Cobel (Patricia Arquette) que desde afuera parece querer recuperar su lugar en Lumon o, directamente, sabotearla. Capítulo imponente que nos renueva el crédito en una de las mejores series que ofrecen hoy las plataformas. La espera por la tercera temporada ya empieza a generarnos ansiedad.
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