Título original: Doragon Bôru Daima // Origen: Japón // Dirección: Directores varios // Guión: Yûko Kakihara // Voces originales: Masako Nozawa, Stephanie Nadolny, Yumiko Kobayashi, Kôki Uchiyama, Aaron Dismuke, Nia Celeste, Ai Fairouz, Mai Nakahara, Yûdai Mino, Tomohiro Yamaguchi, Shôtarô Morikubo // Producción: Akio Iyoku // Montaje: Honami Yamagishi // Dirección de arte: Bun Sun Lee, Maya Kasai // Duración: 75 // Año: 2024 //
5 puntos
PEQUEÑA NUEVA VIEJA AVENTURA
Por Franco Denápole
La franquicia de Dragon Ball constaba, al menos hasta 2015, de tres series televisivas distintas: la original que salió al aire en Japón de 1986 a 1989; Dragon Ball Z, televisada desde 1989 hasta 1996; y una tercera, que tuvo la particularidad de no estar basada en el manga de Akira Toriyama. Esta última, titulada Dragon Ball GT, tuvo una duración breve, al emitirse desde febrero de 1996 a noviembre de 1997, y contó una aventura a modo de epílogo, con un carácter casi apócrifo y cuyo estatus en el canon fue debatido al menos hasta la salida de Super, que terminó por sustituirla como la continuación verdadera pensada por Toriyama.
En GT, Gokú es convertido en un niño y debe recorrer la galaxia junto a su nieta Pan y a un Trunks adolescente para buscar las Esferas del Dragón y regresar a la normalidad. Una suerte de soft reboot en el que, sin querer sobreescribir los acontecimientos de las series que la precedieron, se pretendió dar nueva vida a la franquicia mediante la maniobra del reseteo. Aquel gesto fue eminentemente nostálgico, al querer detener el tiempo o regresarlo hacia atrás. Eso mismo es lo que hace Dragon Ball: Daima, nueva serie que repite el giro de empequeñecer a Gokú (y ahora también a sus amigos) pero, esta vez sí, canonizado por el propio Toriyama, autor original de la idea. En una primera lectura, por lo tanto, Daima no es otra cosa sino una adaptación de algunas de las ideas principales de GT pero dentro del paraguas estilístico que maneja la franquicia desde su renacimiento en el 2015: animación digital redondeada y definida, violencia edulcorada, una apuesta aún más inclinada al humor y al desenfado y, en consecuencia de todo lo anterior, la intención de apelar a un público más infantil (esto último, sin dejar de guiñar el ojo al espectador adulto con referencias y el uso de fórmulas clásicas de la saga).
En sintonía con las técnicas empresariales que se vienen aplicando en el mercado internacional del animé, lo que llega al cine son sólo los primeros tres capítulos de la serie, los cuales, por otro lado, están disponibles para ver en plataformas desde el 25 de octubre del año pasado. Cualquier espectador puede intuir que en esta cantidad de contenido apenas si logra introducirse la historia que la serie contará en veinte capítulos. Para reiterar, y en un sentido estrictamente narrativo, la experiencia de pagar la entrada del cine debe ser necesariamente insatisfactoria, ya que a lo que accedemos es sólo a la primera parte de un relato que queda trunco. No existió, por parte de Toei, la atención de planificar para estos tres capítulos un arco medianamente autoconclusivo, que justificara su segmentación y proyección en el cine. El estreno parece, en cambio, un afterthought, una decisión corporativa vinculada al deseo de aprovechar al público occidental ansioso por ver el animé doblado. Este es, de hecho, el único atractivo que la propuesta puede brindar.
Habiendo aclarado esto, y partiendo de la base de que, como película, Dragon Ball: Daima no puede sino ser decepcionante, se pueden hacer algunas apreciaciones sobre lo que la serie sugiere en estos incipientes primeros capítulos. En este punto, y dejando de lado las redundancias inevitables para quienes hemos visto GT, lo que propone Daima no está mal. El reboot permite sacar a los personajes de un espacio desgastado como es el planeta Tierra, en donde han ocurrido muchas de las batallas más importantes no solo de Super y las últimas películas, sino de toda la franquicia, y hacerlos explorar territorios nuevos. Algo similar ocurre con el tiempo: al correrse del presente y ubicarse hacia el fin de Z, se permite descansar a personajes como Bills, Whis o Broly e introducir un elenco nuevo de villanos y aliados que, por otro lado, resultan simpáticos. Por último, la animación ha subido varios niveles respecto a la mediocridad mostrada en Super. Lo que insinúa Daima es, entonces, prometedor, pero lo que entrega en salas es una experiencia frustrante al nivel más básico, es decir el de contar un relato completo.
Si disfrutás los contenidos de Funcinema, nos gustaría tu colaboración con un Cafecito para sostener este espacio de periodismo independiente:

