Título original: Idem
Origen: EE.UU. / Italia
Dirección: Luca Guadagnino
Guión: Justin Kuritzkes, sobre la novela de William S. Burroughs
Intérpretes: Daniel Craig, Daan de Wit, Jason Schwartzman, Henrique Zaga, Lesley Manville, Colin Bates, Drew Starkey, Simon Rizzoni, Drew Droege, Ariel Schulman, Andra Ursuta, La Bruja De Texcoco, Omar Apollo, Silverio Castro, David Lowery
Fotografía: Sayombhu Mukdeeprom
Montaje: Marco Costa
Música: Trent Reznor, Atticus Ross
Duración: 136 minutos
Año: 2024
6 puntos
BUSCO MI CAMINO
Por Mex Faliero
Hay algo en el estilo de Luca Guadagnino que es un poco molesto, esa cosa de decir en cada plano “hola, soy Luca Guadagnino”, pero no de una forma que fluya con el relato como en el cine de Spielberg, De Palma, Almodóvar o cualquier director que haya hecho del estilo una marca registrada. En el cine de Guadagnino se trata de congelar el tiempo en un presente constante de imágenes que flotan entre ralentis y una banda sonora que apuesta por lo anacrónico, todo como un gesto muy de cine lindo pero a veces totalmente inane. Pasa como en el cine de Wes Anderson, con la diferencia de que Anderson es antes un constructor de imágenes que un narrador, y por eso su coherencia es mayor, mientras que Guadagnino pretende ser las dos cosas y muchas veces choca en el intento. Lo que termina salvando al director italiano es que detrás de su pose, sus trucos y su esteticismo, termina capturando un poco la esencia de esos amores trágicos que tanto le gustan contar y que son lo más interesante de su cine.
En Queer, además, se cruzan otros motivos, que tienen que ver con el asunto de la adaptación y la traslación de un texto como el de William S. Burroughs, que para los entendidos es inadaptable, más la construcción de un vehículo para que Daniel Craig se luzca en un tipo de personaje infrecuente, o no del todo frecuente desde que hace ya casi dos décadas comenzó a interpretar a James Bond y su carrera se perdió por esos arrabales del cine de acción con pretensiones, como resultó su fallida incursión en el icónico personaje. Así las cosas, al saturado estilo de Guadagnino había que sumarle las capas de un texto farragoso que, a su vez, narraba una historia que terminaba yéndose por la tangente en su búsqueda de experimentaciones, sensoriales en el caso de los personajes y audiovisuales en el caso de la película: un doble viaje en el que William Lee (Craig) y su amante Eugene (interpretado por Drew Starkey) se pierden en plena selva sudamericana tratando de encontrarse, mientras buscan una sustancia que abra las puertas de la percepción. Queer es sobre la percepción y la autopercepción; sobre la construcción personal a través de la autodestrucción; pero sobre todo sobre el amor entendido como una adicción que lleva a un lugar de absoluta soledad. Un poco ese parece ser el destino angustiante del protagonista y de muchos personajes del cine del director.
Guadagnino aplica siempre la lógica del melodrama. Lo hizo este año con Desafiantes, donde aplicaba a un relato de calentura juvenil algunas reglas de la telenovela, incluso del erotismo lavado de buena parte del cine de los 90’s, y aquí las de algunos dramas europeos de los 60’s y 70’s como Muerte en Venecia para darle un marco poético a esta historia de amor gay más grande que la vida. Lo curioso es que si en Desafiantes cuenta una historia contemporánea desde un clasicismo apenas disimulado por sus desbordes audiovisuales, en Queer asume una modernidad explícita para contar esa México de los 50’s. Esos choques, esas tensiones, esas exacerbaciones son las que hacen que sus películas vibren, tengan algo de vida detrás de sus gestos ampulosos, unos llamados desesperados por el aplauso, más grandes que las desesperadas búsquedas del amor y el afecto por parte de sus personajes. Con esto, reconocer que aunque manieristas, las películas de Guadagnino nunca dejan indiferente. También, que en Queer se pasa de canchero dos cuadras y en el último acto se abarroca en una serie de simbolismos que pretenden trazar un puente autoconsciente entre Lee, Burroughs, lo biográfico, lo ficticio, lo intelectual y lo pasional, mientras nos descoloca y también nos deja un poco indiferentes. Y mientras Queer se desvanecía pensaba en Todos somos extraños, otra de amor trágico, otra que en su último acto migraba hacia un territorio de absoluta rareza, otra que buscaba dejar un sabor amargo por lo que no pudo ser, pero que sin embargo lograba emocionar de una manera real y sin la necesidad del perifollo con el que Guadagnino intenta convencernos mientras trata de encontrarse a sí mismo perdiéndose en el camino.
Si disfrutás los contenidos de Funcinema, nos gustaría tu colaboración con un Cafecito para sostener este espacio de periodismo independiente:


