Por Patricio Beltrami
NdR: este artículo contiene spoilers.
Como había ocurrido con Cent’Anni en El Pingüino, Agatha all along tuvo el mejor capítulo de la temporada antes de encarar su recta final. El séptimo episodio no sólo sobresalió por su contundencia narrativa y por la brillante conclusión del arco de Lilia Calderu (Patti LuPone), sino por haber innovado desde lo formal a partir del juego con el tiempo. Lo que en La llegada confundía, acá estuvo perfectamente ejecutado. Dirigido por la showrunner Jac Schaeffer y coescrito por Gia King y Cameron Squires, Death’s hand in mine arranca con Lilia cayendo en un vacío oscuro. Luego, Agatha (Kathryn Hahn) y Teen/Billy/William (Joe Locke) discuten por el Camino de las Brujas. Lo más sobresaliente del segmento es que Agatha admite que Wanda (Elizabeth Olsen) podría estar viva, aunque el joven en conflicto con su identidad enfatiza que la Bruja Escarlata no es su madre. De repente, un castillo aparece en el horizonte y, al ingresar, el aquelarre se transforma en brujas de clásicos del cine y la literatura (Teen como Maléfica y Agatha como la Bruja verde de El Mago de Oz). Allí, la prueba consiste en el tarot pero no saben cómo evitar que un techo lleno de espadas colapse sobre ambos. Lo mejor de Death’s hand in mine arranca cuando aparecen Lilia y Jennifer (Sasheer Zamata) embarradas en un túnel. Desde allí la continuidad temporal se despedaza. Schaeffer, King y Squires desarman el relato desde la experiencia de Lilia, la vidente cuya percepción del tiempo se estructura a partir de constantes saltos entre pasado, presente y futuro. En instantes, Lilia pasa de dialogar en el túnel con Jennifer a despertar en el castillo vestidas respectivamente de La Bruja Buena de El Mago de Oz y la Bruja de Blancanieves a una clase en su adolescencia (Chloe Camp) con su maestra (Laura Boccaletti). Pero recurrir a Lilia para adivinar el futuro de Teen tampoco es la solución, por lo que vuelven los saltos temporales, donde progresivamente todo el arco y la vida de la bruja empiezan a tomar sentido. No sólo se trata de los hechos vinculados a Death’s hand in mine, sino que también se arma el rompecabezas de los desvaríos que Lilia había tenido en los capítulos anteriores. Así, una bruja que parecía perdida, solitaria y decadente da cuenta del sentido de todas sus acciones y advertencias, muchas a destiempo, como su fracaso para evitar la muerte de Alice (Ali Ahn). En ese orden, LuPone apela a su carisma, su oficio y su experiencia para otorgarle más matices y mayor profundidad a un personaje que todavía tenía mucho para ofrecer. De esa forma, Lilia comprende que el tarot es para ella y, a medida que tira las cartas, su rol en el aquelarre y la presencia de cada una de las brujas y Teen cobran sentido, incluso de cara al futuro. También se confirma que Rio (Aubrey Plaza) es La Muerte. Aunque detienen la caída del techo, Las Siete de Salem están a la caza del aquelarre. En paz, Lilia evacúa a Jennifer, Agatha y Teen, y les adelanta el futuro a su modo. Tras despedirse con un conmovedor “Amé ser una bruja”, usando el tarot les tiende una trampa a sus enemigas: voltea la torre para que terminen atravesadas por las espadas. Finalmente, la heroína cae al vacío con la tranquilidad de haber cumplido con el deber de su vida y, acto seguido, regresa a su infancia, sonriente para seguir aprendido cómo ser una bruja. Death’s hand in mine podría haber sido un sinsentido narrativo, podría haber profundizado ciertos lugares comunes de la miniserie, pero las autoras hicieron lo posible para que el juego con el tiempo y los espacios no sólo tuviera sentido sino que lograra conmover al espectador. Después de un sexto episodio que trascurrió casi completo por fuera de la aventura de las brujas, Death’s hand in mine regresó al sendero de las brujas para darle mayor contundencia narrativa a toda la historia y, en esa operación, realizar una despedida perfecta al gran personaje interpretado por Patti LuPone.
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