Título original: Immaculate
Origen: Polonia / Serbia / Lituania
Dirección: DK Welchman, Hugh Welchman
Guión: DK Welchman, Hugh Welchman, basado en la novela de Wladyslaw Stanislaw Reymont
Intérpretes: Kamila Urzedowska, Robert Gulaczyk, Miroslaw Baka, Sonia Mietielica, Ewa Kasprzyk, Cyprian Grabowski, Mateusz Rusin, Cezary Lukaszewicz, Dorota Stalinska, Helena Korczycka, Andrzej Mastalerz, Andrzej Konopka, Sonia Bohosiewicz, Maciej Musial, Malgorzata Kozuchowska
Fotografía: Szymon Kuriata, Radek Ladczuk, Kamil Polak
Montaje: Beata Hincke, Patrycja Piróg, Miki Wecel, DK Welchman
Música: Lukasz Rostkowski
Duración: 114 minutos
Año: 2023
6 puntos
LAS ETIQUETAS DEL PRESTIGIO
Por Rodrigo Seijas
(@rodma28)
Luego de Loving Vincent, DK y Hugh Welchman profundizan la apuesta por un cine que pone los formalismos por encima de todo, a la vez que se construye a sí mismo en base a una discursividad de auto-importancia que roza lo pedante, porque se presenta como una especie de animación superior. Se podría decir que lo que vemos es animación para los que no les gusta la animación, ese tipo de público que no quiere estar contándole a sus conocidos que fueron a ver “una de dibujitos”, como las de Pixar o DreamWorks, sino algo más relevante, que se relaciona de manera patente con otras artes, como la pintura y la literatura, además de la sociología y la historia. En eso, La vida de Jagna es un film que, aún con sus logros, recurra a prácticamente todas las etiquetas pertenecientes al circuito de cine arte con ínfulas de prestigio.
El relato adapta una novela ganadora del Premio Nobel de Wladyslaw Stanislaw Reymont, que es un emblema en Polonia, a tal punto que se la estudia en las escuelas y cumple una función didáctica similar al Martín Fierro en la Argentina. Situado a finales del Siglo XIX, se centra en una bella campesina polaca llamada Jagna, que es obligada a casarse con el hombre más rico de su aldea, a pesar de estar enamorada de su hijo, quien a su vez tiene un vínculo crecientemente negativo con su padre. Si ya este triángulo amoroso ya es suficientemente conflictivo, la historia también se encarga de indagar en las dinámicas relacionales, los rituales y las normas culturales de la vida rural, además de los choques políticos de la época, que giran primariamente alrededor de la posesión de la tierra. Todo este entramado es presentado a través de un trabajo puntilloso de la animación (todas las escenas se rodaron en cámara y después fueron pintadas, cuadro por cuadro), vinculado con el estilo impresionista, que es indudablemente impactante. Es innegable el esplendor visual de La vida de Jagna y que en unos cuantos pasajes funciona como instrumento para resaltar la influencia del paisaje y el contexto en los personajes. La cuestión es si hay algo más para destacar aparte de los logros formales.
Y lo cierto es que los dilemas planteados sobre las posibles virtudes narrativas de La vida de Jagna no brindan una respuesta tan positiva. En primera instancia, porque la película quiere comprimir en algo menos de dos horas un gran abanico de temas (el amor, el deseo, el machismo, las apariencias, los mandatos familiares, los comportamientos comunitarios, los antagonismos en base a las posesiones) y subtramas (el triángulo amoroso principal y el retrato coyuntural, pero también la incidencia de las mujeres que envidian a Jagna y los hombres que la desean en secreto, pero en público la repudian), pero la ejecución está bastante lejos de lo correcto y hay decisiones de los personajes, además de resoluciones, que se hacen difícil de justificar. En segundo lugar, porque se podrá entender que los sucesos están en la novela original, pero una cosa es el contexto literario e histórico de la escritura, y otra el de esta adaptación cinematográfica. Hay demasiados pasajes -en especial la última media hora- donde prevalece un regodeo en las desgracias padecidas por la protagonista y las miserias de los habitantes de su aldea.
Lo mejor de La vida de Jagna, más allá de su impacto pictórico, está en esos momentos donde se permite mostrar, sin juzgar, pero tampoco sin idealizar, los rituales de la vida campesina. Ahí es donde hasta es capaz de fascinar, porque nos permite echarle un vistazo a dinámicas culturales que solo podemos entender a medias, aunque no por eso dejan de ser atrayentes. El resto es un film que se pretende profundo, aunque su esteticismo lo deja muy cerca de la superficialidad.
Si disfrutás los contenidos de Funcinema, nos gustaría tu colaboración con un Cafecito para sostener este espacio de periodismo independiente:


