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Ricky Stanicky: el impostor

Título original: Ídem
Origen: EE.UU. 
Dirección: Peter Farrelly
Guión: Peter Farrelly, Jeffrey Bushell, Brian Jarvis, James Lee Freeman, Pete Jones, Mike Cerrone
Intérpretes: Zac Efron, John Cena, Andrew Santino, Jermaine Fowler, Lex Scott Davis, William H. Macy, Anja Savcic, Debra Lawrence, Heather Mitchell
Fotografía: John Brawley
Montaje: Patrick J. Don Vito
Música: Dave Palmer
Duración: 113 minutos
Año: 2024
Plataforma: Prime Video


6 puntos


JOHN CENA CONDUCCIÓN

Por Rodrigo Seijas

(@rodma28)

El panorama de la comedia estadounidense se ha vuelto tan problemático -ahí tenemos la tímida reversión musical de Chicas pesadas como prueba reciente-, que hasta se festeja que podamos reírnos, por fin, sin culpas, con una película como Ricky Stanicky: el impostor, que igual está lejos de ser lo mejor de Peter Farrelly. En parte, quizás, porque en tiempos donde realizadores como Tina Fey, Adam McKay y Greta Gerwig están demasiado preocupados por quedar bien con los comisarios de la corrección política, Farrelly (junto con su hermano, Bobby), a pesar de haberse llevado un Oscar, sigue haciendo la suya. Es decir, continúa a la búsqueda de cualquier chiste o situación graciosa que haya a mano, sin preocuparse por el qué dirán.

El de Ricky Stanicky: el impostor es otro de esos relatos donde Farrelly toma una ocurrencia, un concepto inicial y trata de explotarlo al máximo, buscando todas las derivaciones posibles. Durante una Noche de brujas, tres niños cometen una travesura que tiene consecuencias desastrosas, pero logran zafar haciendo que la culpa recaiga en una especie de amigo imaginario, al que llaman, precisamente, Ricky Stanicky. A partir de ahí, empiezan a usar el mismo truco para todo lo que se les ocurre, como eludir compromisos indeseados u obtener luz verde para irse de joda. Ya adultos, con parejas y trabajos estables, pero la misma inmadurez, el recurso empieza a agotarse y llega el reclamo de todo el entorno de conocer a ese gran amigo de toda la vida que en verdad no existe. Desesperados, el trío -encabezado por un Zac Efron demasiado contenido-, terminará recurriendo a un actor fracasado y alcohólico (John Cena) para que finja ser Ricky Stanicky. Obviamente, ese nuevo truco, efectivo al principio, se les irá de las manos, desatando toda clase de situaciones, poniendo a los protagonistas en crisis con su gente cercana y con ellos mismos.

Como decíamos previamente, Farrelly, desde el guión (al cual escribe junto a varios más) y, especialmente, desde la puesta en escena, se la pasa buscando o inventando situaciones potencialmente graciosas. En varios pasajes, encuentra un vehículo ideal en el personaje interpretado por Cena, que está en estado de gracia, sin ningún miedo al ridículo o de ofender a quien sea. Así es como se van acumulando algunos momentos notables, que aprovechan la tensión -derivada de la incomodidad y la incertidumbre- para saltar desde ahí a lo hilarante. Secuencias como las que involucran los síntomas de la abstención del alcohol, a un bebé en peligro o la gestualidad discursiva del jefe encarnado por William H. Macy son una prueba de ello. El Ricky Stanicky de Cena es un border absoluto, alguien al borde del colapso, pero también comprometido con su papel -en esa mirada socarrona sobre la inmersión artística en un rol la película es muy inteligente-, en el que encuentra una vía posible a la normalidad, aunque su inserción lleve a una alteración de esa normalidad. En ese cruce entre lo normal y lo marginal es que Ricky Stanicky: el impostor no solo es divertida, sino también interesante, aunque notoriamente despareja, porque no todos los chistes dan en el blanco y varios se quedan a mitad de camino.

El problema que Farrelly no logra superar es cómo resolver el conflicto planteado de manera consistente y sin morderse la cola, algo que ya le había sucedido en Amor ciego. En los últimos minutos de Ricky Stanicky: el impostor, cuando las máscaras deben caer inevitablemente, todo se arregla forzadamente y a las apuradas, incluso deshaciendo lo que se había visto previamente. La sensación que queda es que había una historia que daba para más y que al film le falta algo más de atrevimiento para sacudir realmente el paisaje cómico actual. Pero eso no quita que entrega varios momentos de bienvenida anarquía y a un Cena que confirma su extraordinario compromiso -en el mejor de los sentidos- con el arte de la comedia.


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