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ExtraVagantes

Título original: Ídem
Origen: Argentina
Dirección: Maximiliano A. Villar
Guión: Maximiliano A. Villar
Intérpretes: Maximiliano A. Villar, Juan Pablo Costanzo, Lautaro Gandini, Federico Baigorria, Ivonne LeRoux
Fotografía: Martín Gasparini
Montaje: Martín Gasparini, Fátima Estrella
Sonido: Ornella Taricco
Duración: 61 minutos
Año: 2024


6 puntos


ESTO ES LO QUE SOY, ESTO ES LO QUE TENGO

Por Rodrigo Seijas

(@rodma28)

Si muchos cineastas argentinos, en sus etapas iniciales, están buscando una voz, una identidad que eventualmente certifique un rumbo para sus carreras, en ExtraVagantes, Maximiliano A. Villar hace explícita esta etapa al extremo. Lo que vemos no es solo un ensayo, sino más bien una declaración de que esto es un ensayo, un proceso de búsqueda, un tratar de apropiarse de herramientas que fascinan pero todavía no se saben utilizar por completo.

Esa autoconsciencia incluye una soberbia deliberadamente impostada, donde el director y protagonista -con una secuencia inicial bastante graciosa- patea el tablero institucional para decir algo tipo “voy a hacer la mía, porque la tengo re clara”. Ese hacer la suya es retornar a su Neuquén natal para buscar su película, es decir, un nudo conflictivo sobre el cual construir una historia. Lo encontrará en él mismo y sus amigos, Lautaro, Juan Pablo, Federico y Pilar, cada uno con sus problemas, dilemas e inseguridades, que van del desempleo al desengaño, pasando por la dificultad para expresar o la imposibilidad de manejar la ira. Ahí es donde también quedará claro que esa soberbia del comienzo es un disfraz, porque detrás hay un grito de auxilio de alguien que sabe que para hacer cine se necesita mucho ego y que, cuando la egomanía no está naturalmente, hay que construirla un poco a las apuradas.

En la gacetilla de prensa, Villar explica -o más bien declara- que ExtraVagantes trata “de mostrarme, de mostrarnos”, y algo de eso hay: lo que vemos no es tanto un relato como una exposición. Es gente -con la que se puede empatizar, tanto en sus virtudes como en sus miserias- diciendo “estoy acá, existo”, y ya con eso el film le saca ventaja a una buena parte del cine argentino que no parece decirle nada a nadie. Claro que también hay un ligero abuso de esa posición cuasi existencial y dan ganas de pedirle a Villar que cuente algo más consistente y nos permita explorar más esos espacios que él y sus amigos habitan. Quizás sea en la próxima. Ojalá que haya una próxima.


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