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Robo Mundial – Temporada 1

Por Mex Faliero

(@mexfaliero)

Robo mundial, la serie de Star+ creada y dirigida por Gabriel Nicoli, y con protagónicos de Joaquín Furriel, Benjamín Amadeo y Carla Quevedo, es otra de las ficciones nacionales que aprovechan la fiebre mundialista y la exacerbación del ser nacional que mira a la Selección y patalea, llora, reza y cuanto gesto ampuloso de demostración de fanatismo podamos encontrar. Lo hace, eso sí, desde un punto de vista interesante: mezclar esto con una historia de robos maestros; una suerte de heist movie patriotera. Como en El gerente, aquí hay una empresa que promete devolver el dinero de la venta de televisores si la Selección no clasifica al Mundial. Pero a diferencia de aquella, el equipo es penado con la quita de tres puntos y eso le impide clasificar. Ante esto, dos trabajadores de la empresa que va rumbo a la quiebra, deciden robarse la Copa del Mundo, que llega en una exhibición a Buenos Aires, y pedir como rescate la reclasificación de la Selección. A lo largo de tres episodios, Robo mundial plantea más o menos bien lo descabellado de la situación, construye un grupo heterogéneo de personajes (el mejor, por lejos, es el propietario de la empresa interpretado por Diego De Paula), el armado del grupo tan típico de las historias de robos, y ejecuta el plan con una fluidez narrativa que nos impide ver algunos agujeros o inverosimilitudes. Durante esos tres episodios Robo mundial funciona muy bien como comedia y como película de robos. Ahora bien, son seis episodios, por lo que la serie se toma otros tres episodios en contar las consecuencias del robo, algo que a toda vista resulta anticlimático con el punto alto que había representado el capítulo 3. Allí la serie entra en una deriva aburrida, con conflictos paterno-filiales discretos y personajes que no tenían mayor mundo más allá de la motivación original (el de Amadeo es un ejemplo). Y, para colmo de males, Robo mundial ingresa en ese tono celebratorio del llanto bilardo-maradoniano, como si Argentina no hubiera ganado otro mundial que el del 86, y con esa fascinación extraña por el discreto subcampeonato del 90. Reconozco que todo esto puede que me moleste a mí, que me gusta el fútbol pero no participo del nacionalismo prepotente con el que se miden los mundiales ni me emocionan demasiado los gestos demagógicos, algo que a la amplia mayoría parece funcionarle. No obstante, está claro que la serie pierde el rumbo a partir de la mitad y no se recupera nunca más, más allá de algunas ideas interesantes como esa caza de la Copa del Mundo por una Buenos Aires nocturna y cercana a una película de zombies.

NdR: Los seis episodios de Robo mundial están disponibles en la plataforma Star+.


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