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El encargado – Temporada 1

Por Mex Faliero

(@mexfaliero)

Tratemos de hablar de El encargado sin hacer mención a cierta polémica por la reacción de cierto sindicato, especialmente porque cuando alguien lea esto dentro de diez años nadie se acordará de ese asunto. Bueno, tampoco sé si alguien se acordará de El encargado dentro de diez… meses. El universo de Mariano Cohn y Gastón Duprat no había logrado imponerse todavía en el formato serie, a pesar de los intentos, pero finalmente lo lograron con El encargado, en donde volvieron a su obsesión de construir personajes miserables como lo suelen hacer en el cine, con mayor o menor fortuna. La serie imagina a un portero (sepan disculpar, digo portero, que nadie se ofenda por la gravedad del término), el Eliseo de Guillermo Francella, un tipo que es el alma del edificio de alta categoría que cuida, aunque también es un ser con un carácter que linda con lo psicopático: usa los departamentos cuando los propietarios se van, conoce hasta el último detalle de la vida del consorcio en infografías muy cuidadas, piso por piso, departamento por departamento, que tiene en un espacio reservado. La serie le cruza al tópico del thriller sobre psicópatas, tan propio del cine norteamericano, con la picaresca porteña, y utiliza todo esto como barro para reconstruir la estatua de un ícono de la argentinidad: el encargado de edificios. El problema de la serie es que intenta involucrarnos con ese personaje a todas pruebas repudiable a partir de un conflicto ético: el presidente del consorcio (Gabriel Goity en plan abogado garca) tiene el proyecto de construir una pileta en la terraza, donde habita Eliseo, y eso barrería con la figura del encargado. Si bien la serie muestra al protagonista, a partir de ahí, protagonizando una guerrilla psicológica para lograr los votos contrarios al proyecto pileta, lo cierto es que Eliseo no se “vuelve malo” por una crisis existencial, sino que ya era un sorete de antemano: chanta, maltratador, arribistas, manipulador, mentiroso, dueño de una violencia apenas disimulada. Todo sin justificación aparente. Y no digo que haya que justificar la maldad, pero sí digo que si no se lo hace es imposible que me exijan que me ponga de su lado. Uno podía entender el camino que hacía Walter White a partir de comprender su personalidad tallada por el rencor. Cohn y Duprat, por tanto, vuelven a quedar presos de su misantropía, volviéndose cada vez más una caricatura de sí mismos. Como si lo interesante que podía haber en una película como El hombre de al lado fuera descartado en pos de fortalecer lo peor que tienen sus historias. Por supuesto que la serie es efectiva, y el grueso de una platea que tiene una idea simplificada de la sociedad (toda la gente es mala, todo el mundo te va a querer cagar) hace que la serie se vuelva un éxito. Éxito injustificado, porque además quiere jugar a la comedia negra pero lo cierto es que termina un poco acobardada sin poder llevar esto a otro nivel de violencia.

Los 11 episodios de El encargado están disponibles en la plataforma Star Plus.


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