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La princesa

Título original: The Princess
Origen: EE.UU. 
Dirección: Le-Van Kiet
Guión: Ben Lustig, Jake Thornton
Intérpretes: Joey King, Olga Kurylenko, Katelyn Rose Downey, Alex Reid, Ed Stoppard, Dominic Cooper, Veronica Ngo, Ivan Kostadinov, Allegra du Toit
Fotografía: Lorenzo Senatore
Montaje: Alex Fenn
Música: Natalie Holt
Duración: 94 minutos
Año: 2022
Plataforma: Star+


6 puntos


ENTRE LO FÍSICO Y LO DISCURSIVO

Por Rodrigo Seijas

(@rodma28)

En los últimos años, ha surgido una corriente dentro del cine de acción que podríamos llamar “de género”, que busca transmitir mensajes de inclusión y que suele privilegiar lo discursivo por sobre la fisicidad. Ese bodrio solemne llamado La vieja guardia es un ejemplo de los vicios y peligros de estos productos de moda, que a menudo se olvidan de lo que tienen para contar y se aferran al gesto doctrinario. En ese contexto, lo de La princesa -que está disponible en Star+- es bastante decente, básicamente porque tiene detrás a alguna gente que conoce el género -como Derek Kolstad, uno de los productores de la saga de John Wick– y sabe cómo hilvanar una experiencia relativamente disfrutable.

Hay otro par de razones que elevan el nivel de la película de Le-Van Kiet. La primera es la simplicidad del argumento: una princesa (Joey King) despierta como prisionera en lo más alto de la torre de un castillo, pero en vez de resignarse a esperar que la rescate un apuesto caballero, recurre a sus propias habilidades como guerrera para liberarse y rescatar a su familia y su reino, que han caído en las manos de un malvado noble (Dominic Cooper). Esa reformulación del cuento de hadas nos lleva al segundo mérito: todo es a las patadas, piñas y espadazos, con un montaje efectivo y una puesta en escena con unos cuantos pasajes vibrantes a partir de la utilización del espacio y los movimientos cuidadosamente coreografiados. Además, hay que reconocerle a King que, aún con ciertas limitaciones, lleva adelante con solvencia su rol de heroína.

Las virtudes de La princesa compensan buena parte de sus defectos, que son más que nada narrativos. En principio, porque el film no termina de conformarse con la economía de recursos de su premisa y recurre a un exceso de flashbacks para darle más capas de sentido a su protagonista y su lucha por ser valorada por lo que realmente es. Y, además, porque esas explicaciones no solo son en su mayoría maniqueas, sino que también entorpecen el ritmo narrativo. Cuando la película deja a un lado las alegorías obvias sobre el empoderamiento femenino y pone en un lugar secundario al sesgo ideológico, gana incluso en complejidad a partir de cómo lo corporal y el movimiento actúan como fuerzas expresivas de ese mensaje que pretende transmitir.

La hora y media de La princesa se pasa rápido, su relato es entretenido a pesar de sus desniveles y el balance es indudablemente positivo, en buena medida porque el film construye un verosímil propio, donde la estética medieval se fusiona con fluidez con el cine de alto impacto. Sin embargo, queda latente la sensación de que la película habría sido mucho mejor si no recurriera a tantas remarcaciones. A veces, la dosificación de esfuerzos termina sumando mucho más de lo que podría parecer.


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