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Godzilla vs. Kong

Título original: Ídem
Origen: EE.UU. / Australia
Dirección: Adam Wingard
Guión: Eric Pearson, Max Borenstein
Intérpretes: Alexander Skarsgård, Millie Bobby Brown, Rebecca Hall, Brian Tyree Henry, Shun Oguri, Eiza González, Julian Dennison, Lance Reddick, Kyle Chandler, Demián Bichir, Kaylee Hottle, Hakeem Kae-Kazim, Ronny Chieng, John Pirruccello, Chris Chalk
Fotografía: Ben Seresin
Edición: Josh Schaeffer
Música: Junkie XL 
Duración: 113 minutos
Año: 2021


5 puntos


MONSTRUOS VS. HUMANOS VS. MÁS HUMANOS

Por Rodrigo Seijas

(@rodma28)

El gran desafío -casi nunca superado- para el Monsterverse concebido por Legendary y Warner Bros. pasó siempre por cómo balancear la presencia de los monstruos con las acciones de los humanos. En Godzilla los personajes humanos casi no generaban empatía y las criaturas tenían un espacio acotado; Kong: la Isla Calavera tenía a un estupendo John C. Reilly, pero terminaba ahogada por su propia acumulación de referencias genéricas; y Godzilla II: el rey de los monstruos era una especie de drama familiar avasallado por el imaginario delineado para la franquicia. Godzilla vs. Kong, que se supone es la culminación de la saga, no consigue sobrepasar estas dificultades y por eso no llega a trascender el mero carácter de secuela.

El film plantea, tal como lo indica su título, un escenario de enfrentamiento entre los dos monstruos, que está dado por una mitología que indica que…bueno…se tienen que enfrentar. En el medio, la humanidad tratando de lidiar con esa colisión inminente, con una corporación haciendo sus propios planes -obviamente malévolos-; científicos procurando encontrar una vía de contacto más armoniosa y evitar una catástrofe; agentes gubernamentales tratando de controlar la situación; y hasta un grupo de nerds intentando desentrañar y exponer la conspiración corporativa. Todo eventualmente irá a desembocar en el choque de titanes que todos queremos ver, con un par de vueltas de tuerca incluidas. En las poco menos de dos horas de Godzilla vs. Kong pasan un montón de cosas cosas, que abarcan desde una batalla naval hasta un pasaje que parece sacado de un capítulo de Viaje al centro de la Tierra, de Julio Verne, que es claramente lo mejor de la película, el momento donde se deja llevar por la aventura y descubrimiento sin tantas condicionalidades.

¿Cómo lidia el director Adam Wingard y con todas estas tramas y subtramas pergeñadas por los guionistas Eric Pearson y Max Borenstein? A duras penas, en especial cuando tiene que resolverlas. En Godzilla vs. Kong se combinan el relato de amistad, el drama materno-filial, un amague de historia romántica, el thriller corporativo y conspirativo y la exploración aventurera, con el cine catástrofe y de monstruos como marco y telón de fondo. Demasiadas superficies narrativas y estéticas, que nunca encuentran un equilibrio apropiado, tanto del lado monstruoso como del humano. De ahí que Kong tenga un arco dramático relativamente interesante, mientras que Godzilla no pase de ser una entidad difusa y a la vez sin un real misterio que la respalde. En el medio, Brian Tyree Henry y Millie Bobby Brown componen un dúo que roza lo insoportable; Eiza González es totalmente desperdiciada; el pobre Kyle Chandler es casi ignorado; y Demián Bichir queda condenado a interpretar a un villano estereotipado. Apenas Alexander Skarsgård y Rebecca Hall se salvan ligeramente, básicamente porque sus personajes son medianamente nobles y con objetivos más claros.

Eso sí, Wingard continúa el mérito casi innegable de la franquicia, que es el delinear secuencias de acción perfectamente entendibles y que nunca resignan espectacularidad. En eso, Godzilla vs. Kong cumple con lo prometido, lo cual le permite explotar y actualizar la mitología que arrastran ambos monstruos con fluidez, sin que su vampirismo sea particularmente notorio. Sin embargo, eso no alcanza para configurar un entretenimiento óptimo y realmente vibrante: el factor humano es relevante, se necesitan personajes que nos permitan entender cabalmente el impacto de la destrucción, y lo cierto es que el relato nunca rompe con la indiferencia que generan los protagonistas de carne y hueso. Y si a eso le sumamos la acumulación innecesaria de personajes y líneas narrativas, nos queda un producto pesado, sin real tensión, que en verdad tiene poco para contar. Por eso el cierre algo abrupto de Godzilla vs. Kong no deja de ser lógico: en cuanto entrega lo mínimo indispensable (el choque de leyendas), se le acaba el combustible, pierde toda relevancia y no tiene más para ofrecer.

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