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El legado de Batman (y el desprecio de Alan Moore)

Por Patricio Beltrami

(@Pato_Beltrami)

Por lo menos una vez por semestre, algún referente del arte o de la industria audiovisual despotrica públicamente contra el cine de superhéroes. Sin embargo, la efervescencia de la controversia, en el mejor de los casos, solo dura algunas pocas semanas antes de perderse en el olvido. En esta oportunidad, el protagonista de la polémica fue el escritor Alan Moore, autor de varias novelas gráficas y cómics que fueron adaptados en cine, televisión o streaming durante los últimos treinta años. Si bien no es la primera vez que repudia al género, recientemente aseveró que “las películas de superhéroes arruinaron al cine y a la cultura en general”. Además, denunció que “todos esos personajes han sido robados de sus creadores originales”.

Sin embargo, Moore quedó expuesto en la entrevista que le había concedido a Deadline a raíz de sus prejuicios y su desconocimiento en la materia. Consultado por su visión de la industria audiovisual, admitió que no volvió a ver otras películas del género desde el estreno de Batman (1989). Asimismo, consideró que “la mejor versión de Batman fue la de Adam West porque no se la tomaba en serio”. Más allá del argumento, el escritor británico llamativamente destacó a una producción que tuvo lugar antes de su incursión en el mundo de letras y las novelas gráficas.

El desprecio de Moore está muy lejos de representar la decisión de los creadores de la serie (1966–1968) y la película (1966) de Batman, quienes apostaron a una adaptación en clave de comedia, con momentos y recursos desopilantes que rozaban lo ridículo. A través de la utilización de diversos aspectos que definían la estética de mediados de los 60 (colores, música, vestuario), se conformó la imagen que definió popularmente al universo Batman durante los siguientes treinta años, principalmente en base a una serie de elementos que trascendieron a esta experiencia televisiva: la canción de Batman (también usada a manera de leitmotiv en secuencias de acción); las insólitas y elocuentes expresiones de Robin (Burt Ward) ante revelaciones y descubrimientos; y las escenas de combate, con sus absurdas coreografías acompañadas por onomatopeyas gigantes que representaban los golpes.

Incluso, estas emblemáticas producciones tuvieron una notable influencia en las futuras adaptaciones que se realizaron en cine. Por una parte, la locura y el colorido del Guasón de Cesar Romero están impregnadas en la caracterización de Jack Nicholson (Batman), mientas que El Acertijo de Jim Carrey (Batman eternamente) posee evidentes similitudes con el personaje encarnado por Frank Gorshin. Además, la ingenuidad impostada del Bruce Wayne de Adam West es uno de los aspectos que también caracterizó a la versión de Michael Keaton (Batman y Batman vuelve). Más cerca en el tiempo, Lego Batman (2017) no solo homenajea a algunos de los elementos de la adaptación de los 60’s, como los trajes, los planes ridículos de los villanos y los artefactos insólitos para combatir el crimen (¡el repelente de tiburones!), sino que también le concede a Alfred un espacio como parte del equipo justiciero, más allá de su clásico papel en el apoyo logístico.

Si bien podría haber sido una serie de capítulos en continuado, Batman, la película funciona como largometraje. Contrario a las expresiones de Moore, el film está protagonizado y producido por un grupo de personas que tomó a la comedia en serio y explotó las posibilidades del género, el guion y los personajes hasta el límite de lo absurdo. Prueba de ello es la escena de Batman cargando una bomba encendida y corriendo por todo el puerto para descartarla en algún lugar libre de personas (y animales). Párrafo aparte para los acertijos y las correspondientes resoluciones, que no responden a ninguna clase de lógica más allá de las mentes del dúo dinámico.

Finalmente, una de las mayores fortalezas que posee el film se encuentra en su apertura. Bajo una intensa luz redonda que recorre un callejón en busca de criminales, se observa un mensaje escrito en las paredes: “Queremos agradecerles a los enemigos del delito y a los defensores de la ley de todo el mundo por servirnos de ejemplo. A ellos, y a los amantes de la aventura y el puro esparcimiento, amantes del verdadero entretenimiento, amantes del ridículo y de lo extravagante. A todos los amantes de la diversión, les dedicamos esta película”. Acto seguido, la luz se posa sobre dos personas que están besándose apasionadamente en las sombras y, posteriormente, a su lado se ve la leyenda: “Disculpen si omitimos algún grupo de amantes”. Firmada por “Los productores”, esta breve declaración de principios dice mucho más del legado de Batman que cualquier opinión que Alan Moore pueda emitir desde su pedestal.

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