Por Mex Faliero
Esta semana se conoció que Natalia Denegri, aquella joven involucrada en el denominado “Caso Coppola” y que actualmente es una exitosa conductora televisiva y empresaria mediática en Estados Unidos, le ganó un juicio a Google y pudo aplicar el “derecho al olvido”, una figura judicial que obliga a la desindexación de los enlaces que involucran a la demandante con aquel pasado. No voy a meterme en cuestiones legales porque exceden el campo de mi conocimiento (que es de pocas hectáreas, aclaremos), pero sin dudas que esta figura del “derecho al olvido” me genera cierta curiosidad. Es decir, entiendo que a alguien lo pueda dañar la constante aparición de situaciones que tengan que ver con su intimidad. También, si la imagen viral de alguien incurre en una burla constante sobre un personaje determinado. Pero la exhibición sin mayor subrayado de algo que hicimos públicamente es solo un recorte de lo que fuimos en determinado momento de nuestra vida. Y no podremos controlar lo que los demás piensen sobre eso, como tampoco los demás controlarán lo que nosotros pensamos sobre ellos (esa es la pesadilla de los correctores políticos del hoy). Si bien puede que algunos episodios nos abochornen (y en el caso de Denegri, supongo que por el espacio de poder que hoy ocupa es una suerte de mancha negra que le juega en contra), no dejan de ser parte de nuestra historia. Y aquí enlazo esta situación con el cine, y la constante reescritura que desde algunos espacios pretenden hacer con el pasado, como ha ocurrido con Disney y más recientemente con HBO y su affaire con Lo que el viento se llevó. Fuimos aquello y somos esto, y si podemos demostrar un progreso en el tiempo, bien por nosotros y por nuestro espíritu de superación. Sin embargo estas correcciones, que son en verdad una intervención a la historia personal, resultan muy peligrosas, porque también ingresamos en terrenos de desigualdad: seguramente un don nadie no tenga la misma posibilidad que Natalia Denegri de avanzar judicialmente y obtener su “derecho al olvido”. Insisto con este tema (que se ha vuelto recurrente en esta columna) porque me preocupa y porque no se aprendió nada de la ciencia ficción: aquellos que han viajado al pasado para modificarlo, no han hecho más que generar grandes catástrofes a futuro. Es verdad, ya no se necesitan máquinas para viajar al pasado, nos convertimos tanto en memoria digital que con borrar varios links, nuestra imagen del ayer se desintegra (aconsejo igualmente ir casa por casa y quemar, si quedara, alguna revista de la época, para que definitivamente no quede rastro alguno). Como dijo el Doc Brown, “a donde vamos no necesitamos caminos”.
