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5 sangres

Título original: Da 5 Bloods
Origen: EE.UU.
Dirección: Spike Lee
Guión: Spike Lee, Kevin Willmott, basados en la historia de Danny Bilson, Paul De Meo, Matthew Billingsly
Intérpretes: Delroy Lindo, Clarke Peters, Norm Lewis, Isiah Whitlock Jr., Chadwick Boseman, Jonathan Majors, Jean Reno, Paul Walter Hauser, Veronica Ngo, Mélanie Thierry, Jasper Pääkkönen, Rick Shuster, Mav Kang
Fotografía: Newton Thomas Sigel
Montaje: Adam Gough
Música: Terence Blanchard
Duración: 154 minutos
Año: 2020


5 puntos


UNA GUERRA SIN PELÍCULA

Por Mex Faliero

(@mexfaliero)

Luego de múltiples subidas y bajadas, Spike Lee parece haber vuelto a la consideración del gran público luego de la oscarizada Infiltrado del KKKlan y esta 5 sangres, su nueva película que iba a verse en el Festival de Cannes -suspendido por la pandemia de coronavirus- y terminó estrenándose por Netflix. Tal vez la exhibición por la popular plataforma streaming o tal vez el momento en el que se estrena el film, con las revueltas callejeras en Estados Unidos tras el asesinato del ciudadano afroamericano George Floyd a manos de un policía blanco, han devuelto a Lee nuevamente al debate cinéfilo. Pero con el director pasa algo llamativo, lo que suele gustar y lo que suele irritar de sus películas sigue siendo lo mismo de siempre. Hay en la trayectoria de buena parte de su cine, especialmente el que tiene una vocación más política, la intención de darle la espalda al aprendizaje. Para la experiencia del director, aminorar el grado de subrayado y declamación de su discurso puede parecer una suerte de renuncia. Si en la mucho más lograda Infiltrado del KKKlan había alcanzado parcialmente eso sin dejar de lado sus temas y obsesiones, 5 sangres lo vuelve a mostrar hablando en voz alta, vociferando sus proclamas y cayendo en algunos pasajes de un didactismo algo bochornoso, algunos de los peores vicios de su cine.

En 5 sangres un grupo de afroamericanos y veteranos de la Guerra de Vietnam regresa al territorio asiático con dos objetivos: por un lado, recuperar los restos de un soldado muerto en la batalla y líder espiritual del grupo; por el otro, encontrar un baúl repleto de barras de oro que enterraron por entonces, dinero que el gobierno norteamericano destinaba a vietnamitas para colaborar en el conflicto bélico. Lo más interesante de la película se ve en esa primera parte, donde la relación entre el relato en presente y el pasado se va dando de una manera fluida a partir de cambios de formato y de imagen; haciendo que los mismos actores se interpreten a sí mismos en los flashbacks, representando una suerte de continuidad temporal. Son decisiones formales que Spike Lee maneja con soltura y sin romper el verosímil, algo que por otra parte es una característica de su cine: en Lee lo revulsivo ha sido tanto temático como formal, donde el collage y el pastiche se imponen. Había algo interesante en la premisa de la película, el cruce entre la historia real con los relatos míticos y de aventura, la búsqueda de tesoros (algo no muy presente en el cine actual) y también la persecución de lo espiritual representada en el soldado caído y el recuerdo de él que trae la memoria.

Si bien la carrera de Spike Lee es extensa, y tiene tantos altibajos como recovecos, subidas como caídas, hay una columna vertebral de sus películas que aborda la problemática de la comunidad afroamericana en Estados Unidos, la violencia institucional y la construcción de un discurso militante y político que parecen estar presos de decisiones formales demasiado rígidas. Lee se autoimpone aquí no solo como líder de la rebelión audiovisual contra el gobierno de los blancos, sino también como el docente empeñado en educarnos. Pero el problema es que esa docencia se impone a los gritos, de una forma que rompe con la organicidad narrativa. Ya no se trata de un cine urgente y de choque que busca impactar (Lee ya no es el joven enérgico y marginal de Haz lo correcto, sino una voz asentada -a su pesar- dentro de la industria), por eso que algunos pasajes de un excedido tono grueso parecen imperdonables: en cada línea de diálogo en la que se intenta pensar esa historia ficcional a partir de la Historia, cuando irrumpen fotos de referentes históricos de la comunidad afroamericana para reforzar lo que los personajes dicen todo luce demasiado remarcado, como si al director le interesara más dejar su sello (“oh sí, es una película de Spike Lee”) que el cuento que tiene entre manos. O en todo caso vemos una película sobre el honor y la traición intervenida por un director con urgencias que están por encima de todo.

Se dice que 5 sangres en verdad tenía protagonistas blancos e iba a ser dirigida por Oliver Stone. Por tanto, es natural que una vez que Lee y su habitual guionista Kevin Willmott tomaran el proyecto intentaran imponer no solo su estilo sino también una agenda temática. El inconveniente es que no parecen haberlo logrado y la película se ve como dos partes que no terminan integrándose nunca: por un lado la trama, que incluye un viaje que es tanto físico como emocional, un reencuentro con traumas del pasado y una serie de giros con trampas y traiciones más propias del film de aventuras; mientras que por el otro lado transita el discurso político y su bajada de línea sin sutileza. Está claro que a Lee no le interesó demasiado lo primero, que la resolución de las escenas de acción y suspenso es perezosa, que las citas cinéfilas son igual de vagas, que la música de Terence Blanchard está dos tonos más arriba y que 5 sangres se toma 154 minutos para resolver algo que ya había dicho en su prólogo documental. Es curioso que si el protagonismo se divide en cuatro, Paul (Delroy Lindo), Otis (Clarke Peters), Eddie (Norm Lewis) y Melvin (Isiah Whitlock Jr.), apenas el personaje de Lindo tenga algo de profundidad (más allá de un showcito algo infumable) y los otros luzcan carentes de todo arco dramático, como meros acompañantes y figuritas de fondo.

Voces como las de Spike Lee son necesarias porque ponen en primer plano conflictos que las mayorías no conocen, por ignorancia o mala fe. Claro, el riesgo es caer preso de la propia discursividad y verse seducido por su propia voz. A Lee le pasa seguido, y que su película intente ampararse en diversas crueldades que vive la comunidad afroamericana para volverse irrefutable es un poco un chantaje emocional. El racismo, la discriminación, la xenofobia son horrores que hay que evitar; 5 sangres, dentro de lo posible, también.

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