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24 líneas por segundo: sin lugar para los sensibles

Por Mex Faliero

(@mexfaliero)

Alerta spolier: se revelan detalles del final de Unidos.

Recorriendo sitios y medios colegas me sorprendí la semana pasada con varias críticas de Unidos -la película de Pixar a la que le está yendo bastante mal en la taquilla-, en las que se habla de golpes bajos o sentimentalismo. Sorpresa, digo, no porque la película no apele a las emociones en su última parte, sino porque lo hace desde una sensibilidad y un pudor poco habitual en la animación mainstream norteamericana. Nada más lejos del golpe bajo que esta película. Es más, resulta pudorosa hasta para los estándares de la propia Pixar, que hace poco nos estrujó todas las lágrimas posibles con Coco. Recordemos: Unidos, fantasía ubicada en una tierra mágica pero aburguesada por el confort, relata cómo dos hermanos elfos emprenden un viaje parar lograr el hechizo que permita revivir por unas horas al padre de ambos, fallecido hace un tiempo. En el final, los protagonistas logran el conjuro y el padre aparece ante sus ojos. Sin embargo el más chico de ellos, que nunca llegó a conocerlo, toma una decisión entre heroica y sacrificial: decide que su hermano es quien debe compartir esos pocos minutos con el hombre, para poder despedirse como no lo hizo cuando enfermó y murió. Es un momento de un poder emotivo descomunal, que reflexiona a su vez sobre un montón de cosas relacionadas con la vida, la muerte, los recuerdos, la historia personal y la de los demás. Todo lo que vemos lo vemos desde los ojos del hermano más chico, que a la distancia, por un hueco entre unas rocas, en un plano spilbergiano notable, ve el encuentro, el abrazo y el desvanecimiento final del padre. Repito lo de la distancia (que es una decisión formal de una gran nobleza por parte del director Dan Scanlon, porque acompaña la decisión del personaje) y repito lo del pudor. Si la escena emociona no es por manipulación, sino porque los materiales en juego son notablemente sensibles. Y porque la película construye ese viaje de una manera tal que ese renuncio final del personaje nos impacta. Volviendo al origen de estas líneas, sigue sorprendiéndome el problema de una gran parte de la crítica con las emociones en el cine. No entiendo su condena, no cuando surgen naturalmente en el relato y no de una imposición maniquea. Tal vez tanto cinismo ha llevado a que la sensibilidad sufra de cierto desprestigio. La canchereada se ha impuesto y no parece haber vuelta atrás, ni lugar para la sensibilidad.

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