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Funcinema

Golem: la leyenda

Título original: The Golem
Origen: Israel
Dirección: Doron Paz, Yoav Paz
Guión: Ariel Cohen
Intérpretes: Hani Furstenberg, Ishai Golan, Kirill Cernyakov, Brynie Furstenberg, Lenny Ravich, Aleksey Tritenko, Adi Kvetner, Veronika Shostak, Gennadiy Kuleshov, Katya Gaydak, Ekaterina Voronina, Oleh Voloschenko
Fotografía: Igor Ryabchuk, Rotem Yaron
Montaje: Einat Glaser-Zarhin, Itamar Goldwasser
Música: Tal Yardeni
Duración: 95 minutos
Año: 2018


3 puntos


LO PEOR DE VARIOS MUNDOS

Por Matías Gelpi

(@matiasjgelpi)

El mito judío de la leyenda de El Golem, que cuenta la historia de una figura de arcilla animada por obra de la cabalá y creada por el rabino Loew para defender a los judíos, que se escapa del control y termina provocando catástrofe, ha sido particularmente influyente. Esta figura ha sido precursora de Frankestein, base de la novela de Gustava Meyrink y de las películas del expresionista alemán Paul Wegener, y hasta Borges tiene un texto basado en ella. Toda esta pequeña discreción para decir que Golem: la leyenda no sólo es una iteración mediocre de esta historia, sino que es un exponente más del cine de terror prefabricado medio bobalicón, ese de relleno que cada tanto llega a las salas, y que no merece agregarse a la incompleta y apresurada lista que esbozamos un par de líneas atrás.

Lo que no le falta a la película de Doron y Yoav Paz son cosas para contar: tenemos la historia de una aldea judía sitiada por los miembros de otra aldea que los acusan de brujería o algo así, mientras que al mismo tiempo nuestra protagonista, Hanna, que ha perdido un hijo y que está haciendo todo lo posible para no tener otro a pesar de la insistencia de su marido, propone derrotar a los sitiadores creando un Golem. Aunque es fácil sospechar que ella en realidad lo que quiere es revivir a su hijo utilizando la cabalá, aunque nunca queda claro si eso es posible. Como siempre, los caminos del Señor son misteriosos.

Golem: la leyenda se atreve al comentario feminista de trazo grueso (un trazo grueso sin precedentes) es cierto, pero digamos que todo lo que hace esta película es de trazo grueso: su rasgo fundamental es esta búsqueda burda por el efecto. Ya sea que quiera provocar tensión, terror o angustia, la película nos lo arroja a la cara con todo el arsenal de herramientas obvias: como una música incidental estridente absolutamente exagerada, su gore fuera de campo que llena la pantalla de desmembramientos impersonales y hasta sus diálogos sin alma, genéricos y tediosos.

Después, más allá de la digna recreación de época, tenemos el problema del monstruo. Si vas a hacer una película que se llame Golem: la leyenda tiene que haber un Golem, y un Golem más allá de su forma tiene una característica distintiva: es de arcilla. El monstruo de esta película es un pibe, lisa y llanamente, al principio tiene barro pero lo bañan y es un pibe con poderes psíquicos. Es decir, el monstruo tiene más de X-Men que de criatura de la mitología judía.

Por último, decir que la película nunca nos saca de la sensación de estar viendo un tráiler. Es un tráiler de 90 minutos donde nunca podemos hacer pie en la narración porque nos empuja un montaje guarango sacado de la fantasía más oscura de Michael Bay. Y es así como terminamos viendo una sucesión de escenas que supuestamente deberían provocar un efecto que nunca llega.

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