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Booksmart

Título original: Ídem
Origen: EE.UU.
Dirección: Olivia Wilde
Guión: Emily Halpern, Sarah Haskins, Susanna Fogel, Katie Silberman 
Intérpretes: Kaitlyn Dever, Beanie Feldstein, Jessica Williams, Jason Sudeikis, Lisa Kudrow, Will Forte, Victoria Ruesga, Mason Gooding, Skyler Gisondo, Diana Silvers, Molly Gordon, Billie Lourd, Eduardo Franco, Austin Crute, Noah Galvin, Michael Patrick O´Brien, Maya Rudolph
Fotografía: Jason McCormick 
Montaje: Jamie Gross 
Música: Dan The Automator 
Duración: 102 minutos
Año: 2019


8 puntos


CHICAS COPADAS

Por Rodrigo Seijas

(@funcinemamdq)

En el medio de sus desniveles, de sus obsesiones constantes por construir franquicias de la nada, Hollywood presenta algunas saludables y productivas consistencias. Una de ellas pasa por el sub-género  de las escuelas secundarias, que a esta altura podría pensarse como un género hecho y derecho, con una poética plenamente consolidada, que no se repite a sí misma y siempre encuentra la forma de renovarse.

Booksmart, ópera prima de Olivia Wilde, es una nueva y bella confirmación de lo previamente dicho, un film luminoso y estimulante, pero también con un trasfondo melancólico y hasta definitivamente triste. El relato se centra en Molly (Beanie Feldstein) y Amy (Kaitlyn Dever), dos chicas que siempre fueron aplicadas, cumplieron con las reglas, obtuvieron calificaciones excelentes, resignaron momentos de ocio y diversión en pos de todo eso, y ahora, a punto de finalizar el trayecto secundario, se preparan para cobrar la recompensa: el poder acceder a las mejores universidades del país. Sin embargo, justo en el último día, se dan cuenta que muchos de sus compañeros consiguieron notas similares sin haberse esforzado tanto o que aún con calificaciones bajas han podido hallar vías para entrar en universidades de excelencia. La realidad las golpea de lleno y por eso deciden cumplir todo lo que postergaron en esa última noche antes del cierre del año escolar, emprendiendo una especie de odisea para poder ir a la fiesta clave y principal.

Lo notable de Booksmart es cómo esa estructura de viaje/búsqueda es la excusa perfecta para construir un retrato del microcosmos escolar, que es tanto un paisaje social como un cúmulo de intimidades colisionando entre sí. No hay buenos y malos en el film, aunque sí estereotipos, pero que son retorcidos hasta crear una galería de personajes que rozan lo inverosímil pero que no dejan de ser sumamente sensibles y empáticos. De ahí que el verdadero antagonismo esté en el viaje, tanto literal como interior: no solo en ese recorrido plagado de obstáculos –la mayoría de las veces insólitos- sino también en ese proceso que deben realizar Molly y Amy para tomar consciencia de sí mismas y el entorno que las rodea.

En esa estructuración narrativa que es un poco anárquica pero no errática –hay una apuesta clara por sacudir todo pero claramente direccionada, con un sentido definido, concreto- puede verse a Booksmart como una reversión en clave femenina de Supercool, pero no tanto por el texto (la premisa y algunas situaciones) sino por el subtexto: estamos ante una historia de amor en el que el componente romántico se apoya inevitablemente en la amistad, en el mutuo entendimiento y hasta en la aceptación de la tensión sexual no concretada. Eso le permite a la película ser primariamente una comedia, con muchos chistes notables –hay uno alrededor de un muñeco panda que es directamente genial por las posibilidades que explota- pero también un drama que reflexiona con gran sensibilidad sobre esos momentos que son un antes y un después. Molly y Amy salen de esa noche cambiadas, o más bien asumiendo los cambios que atraviesan, que hay etapas que se terminan, que ya nada va a ser lo mismo y que eso requiere de una dosis particular de honestidad, para consigo mismas y los demás.

El relato de aprendizaje y reconocimiento sincero, sin hipocresías que es Booksmart requería de una combinación precisa de crudeza y dulzura. Y eso se hace presente porque si la puesta en escena de Wilde no vacila sino que arriesga constantemente desde las tonalidades audiovisuales, lo de Feldstein y Dever es memorable, un dúo dinámico que le agrega un plus a un film sensible y querible, que merecía un mayor éxito.

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