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Only the brave

Título original: Idem
Origen: EE.UU.
Dirección: Joseph Kosinski
Guión: Ken Nolan y Eric Warren Singer, basado en el artículo de Sean Flynn 
Intérpretes: Josh Brolin, Miles Teller, Jeff Bridges, Jennifer Connelly, James Badge Dale, Taylor Kitsch, Andie MacDowell, Geoff Stults, Alex Russell, Thad Luckinbill, Ben Hardy, Scott Haze, Jake Picking, Dylan Kenin, Kenneth Miller
Fotografía: Claudio Miranda 
Montaje: Billy Fox 
Música: Joseph Trapanese
Duración: 134 minutos
Año: 2017


8 puntos


LOS HÉROES DE A PIE

Por Rodrigo Seijas

(@funcinemamdq)

No deja de ser llamativo cómo Hollywood viene haciendo cada vez más hincapié en el heroísmo de la clase trabajadora estadounidense, que muchas veces se enlaza con el sacrificio y surge desde el trauma o la tragedia. Ahí tenemos la trilogía que hilvanó la dupla de Mark Wahlberg y Peter Berg con Día del atentado, Horizonte profundo y El sobreviviente, o el Clint Eastwood de Sully: hazaña en el Hudson. Son historias siempre basadas en eventos reales, donde se resalta el profesionalismo, lo grupal es un factor decisivo y los núcleos de poder están ausentes, puestos en duda o en crisis. Son relatos sobre gente común y con problemas comunes, pero que de repente se ven frente a circunstancias extraordinarias.

Only the brave es un nuevo ejemplo de esa especie de subgénero y una sorpresa inesperada que viene por el lado de su director: Joseph Kosinski, con Tron: el legado y Oblivion, el tiempo del olvido, había entregado productos de diseño, donde muchas veces la bajada de línea filosófica y el regodeo visual terminaba pesando más que la carnadura real de los personajes. Sin embargo, aquí el realizador muestra una bienvenida humanidad: la historia de la unidad de bomberos de Granite Mountain y la tragedia del incendio de Yarnell Hill impacta de manera sustancial. Only the brave duele y angustia, pero nunca desde la manipulación o el efectismo estético.

La clave está precisamente en el concepto de tragedia, que es instalado por el film desde el principio, pero sin resaltarlo groseramente. Se puede intuir lo trágico principalmente en las decisiones y acciones del jefe del equipo de bomberos que interpreta Josh Brolin, con su liderazgo rígido pero honesto, y la relación con su mujer (Jennifer Connelly), que está marcada por el afecto pero también por el conflicto. E incluso, quizás algo más lateralmente, en los avatares del adicto en recuperación que encarna Miles Teller –que además debe hacerse cargo de una paternidad inesperada- y hasta en las idas y vueltas del eterno enamorado de las mujeres interpretado por Taylor Kitsch. Lo atrayente es cómo el film no juzga sus conductas, sino que trabaja sus matices, indaga en sus personalidades y las dinámicas grupales, sin dejar de lado las conductas esencialmente profesionales. Y en vez de apelar a las frases altisonantes, se apoya en las miradas –en el rostro de Brolin puede intuirse el miedo, la decisión, la ira, la angustia, el amor-, los rituales –la práctica para cubrirse con unas bolsas contra el fuego, que luego potencia su sentido de manera radical- y los gestos –Teller dejando una bolsa de comida en la puerta de la casa donde vive su hija, pero sin atreverse a verla-, porque tiene bien claro que los protagonistas son tipos de acción.

La espectacularidad es dejada de lado en Only the brave, donde el heroísmo es construido desde la certeza que las personas que vemos en pantalla son gente ordinaria, de a pie, con dilemas cotidianos pero que también implican decisiones trascendentales. Y que claro, en este caso además son bomberos enfrentados a incendios terribles, por lo que cada misión que emprenden puede ser la última. Y cuando llega esa última misión, cuando la muerte y la pérdida se hacen tangibles, no hay manipulación, exageración y tergiversaciones, sino honestidad en lo que se cuenta. La empatía es irremediable, las lágrimas son sinceras y de ahí que el cierre sea tristísimo, incluso desolador. Cuando finalmente vemos los rostros reales de la tragedia, el diálogo que establece la ficción con la realidad se consolida: a veces las grandes historias nacen desde el choque con lo rutinario y lo bello se da la mano con lo terrible, por lo que el dolor no se elude, sino que se acepta y se sigue adelante.

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