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Recapitulación de Better call Saul: Sabrosito

Por Mex Faliero

(@mexfaliero)

Atención: hay spoilers.

La guerra ha estallado en Better call Saul, o mejor dicho las guerras: Sabrosito, el capítulo de esta semana, ha dividido su acción en dos partes casi precisas, con la primera dedicada al origen de ese enfrentamiento entre Gus Fring y Héctor Salamanca que hemos visto resolverse en Breaking bad, con Fring arruinándole el “negocio” a Salamanca, y con la otra parte mostrando la estrategia que están llevando adelante Jimmy y Kim durante el juicio con Chuck. Fue un capítulo vibrante, en tono con el ritmo que está teniendo esta apasionante tercera temporada, y que trajo de nuevo a viejos “amigos” como Don Eladio (Steven Bauer) y Juan Bolsa (Javier Grajeda).

En esta tercera temporada pareciera como que Vince Gilligan y Peter Gould han decidido apretar el acelerador a fondo, tal vez por las quejas de algunos espectadores que veían que la serie no arrancaba (mentira) o porque la historia así lo indicaba. Obviamente soy un partidario de la segunda hipótesis, porque raramente los autores han mostrado tanto aquí como en Breaking bad un apuro en resolver situaciones para deleite del fan. La segunda temporada de Better call Saul fue un aperitivo de lo que iba a suceder este año, y es sorprendente la habilidad de la serie para avanzar sobre dos líneas narrativas igualmente fuertes sin pisarse ni hacer sentir que una pisa a la otra. La sabiduría de Gilligan y Gould hace que la trama de Mike, en su progresivo vínculo con el narcotráfico, aporte la tensión física que en la trama de Jimmy y su crisis de hermanos y familia es más jurídica y verbal.

Las apariciones de Eladio y Bolsa no son antojadizas ni tienen que ver con la necesidad de pegar esta serie con Breaking bad: se trata de personajes que resulta lógico que ingresen, porque se trata de un mundo que estaba ahí, ya empezado, cuando lo conocimos gracias a Walter White y Jesse Pinkman. La inteligencia de los autores para ver cuál era el mundo a inspeccionar en la precuela es lo que distingue a esta serie. Estamos en un universo de personajes rudos pero inteligentes, que amenazan más desde la palabra que desde la acción: la tensión en esas secuencias es notable. Y si hablamos de la palabra, el discurso con el que Fring explica a sus empleados el motivo de la intromisión de Salamanca en su comercio es realmente maravilloso, mirando con absoluto cinismo lo que sucede del otro lado de la frontera entre Estados Unidos y México, y especialmente a la hipócrita moral americana: está claro, Better call Saul necesitaba a Fring, un personaje único.

Por el lado de la trama de Jimmy, ya tenemos el avance de la acción legal que Chuck ha ejecutado contra su hermano menor. Hay aquí más sorpresas por esperar, ya que el “¡bingo!” que tira Kim hacia el final, donde parece que han atrapado a Chuck en alguna y la usarán en su contra, será otro giro revelador que pondrá mal al mayor de los McGill. Sería injusto no destacar la actuación de todos, pero especialmente de Bob Odenkirk cuando le pide disculpas a su hermano a pedido de la fiscal de distrito. Es otro cinismo parecido al de Fring. Better call Saul es una serie que va ganando por el lado de la maledicencia de sus personajes, y eso la hace sumamente disfrutable.

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