Por Rodrigo Seijas
El cierre de temporada que fue America first tuvo todo lo que ha compuesto a Homeland y lo puso en el centro del mapa televisivo: momentos de tensión extrema; conspiración a los más altos niveles; paranoia por doquier; compromisos y decepciones morales; múltiples referencias a la política estadounidense actual. Y claro, una muerte ciertamente inolvidable.
En cierto modo, America first es un capítulo partido en dos. La primera parte correspondió a esa conspiración que tan bien concibió Dar Adal hasta que se le fue de las manos, básicamente porque los sectores involucrados no solo querían destruir a Keane, sino directamente asesinarla. Adal realiza toda una serie de pesquisas, que involucran incluso el confinamiento ilegal de un Senador, llegando justo a tiempo para alertar a Carrie. Hay una explosión y varios tiroteos, momentos de tremendo nerviosismo (particularmente uno dentro de un ascensor) y es Quinn –que se suponía iba a ser el chivo expiatorio de toda la trama conspirativa- quien termina siendo el héroe sacrificial. Su muerte no solo es digna, sino también lógica. Su personaje ya había entregado todo lo posible y hasta había sufrido unas cuantas manipulaciones innecesarias, con lo que su último acto de valor lo pone en un lugar más que apropiado, permitiéndole redimirse.
La segunda parte de America first –tras un cartel que informa que pasaron seis semanas- tiene menos acción vigorosa, pero similares niveles de tensión, por lo que implican las repercusiones del intento de asesinato de Keane. Allí se ve cómo Carrie, trabajando temporariamente para la nueva Presidente, les promete a varios colegas de la CIA –entre ellos Saul- que las recientes investigaciones y detenciones emprendidas por la administración recién llegada no los va a afectar. Luego Keane, en una reunión en el Salón Oval, le ofrece a Carrie un alto puesto definitivo y permanente: es un reconocimiento a su lealtad, pero también a la carrera de Carrie en general, una típica outsider que ve esta vez la oportunidad de ser el centro de la escena e incluso realizar cambios decisivos.
Claro que esto implica mudarse de manera permanente a Washington, lo que podría afectar sus intentos de recuperar la custodia de su hija Franny. En la reunión de Carrie con la asistente social, mientras tiene a su amigo Max borracho en una de las habitaciones de su casa, America first genera un suspenso inesperado, casi similar al del atentado. Y a continuación otro giro inesperado, pero desde el lado del drama, con Carrie finalmente haciendo catarsis al descubrir unas fotos suyas y del hijo de Quinn. La pérdida de ese ser querido finalmente hace efecto.
Pero America first se reserva una sorpresa final, que ya se insinuaba el diálogo que tiene Saul con Adal cuando lo visita en prisión. Adal le dice: “lo que hice fue imperdonable. Pero no estoy seguro de que haya estado mal. Hay algo fuera de lugar en ella, la Presidente”. Y ahí está Keane para justificar a Adal en cierto modo: Carrie recibe una videollamada de Saul, donde se ve cómo lo están deteniendo. La promesa que había hecho a sus colegas estaba destinada a incumplirse: la Presidente –asesorada y apoyada por un sector político indudablemente dominante- la usó, la dejó en off side y emprendió una caza de brujas a todo nivel. “Esto no tiene que ver con una conspiración. Es simplemente revancha”, dice Carrie, y tiene razón. Keane se ha dejado ganar por la paranoia y ha caído en los extremismos que supuestamente venía a combatir.
Dos planos finales terminan definiendo el cierre de la sexta temporada de Homeland. En el primero se la ve a Keane totalmente sola en el Salón Oval, cediendo a los miedos básicos, absolutamente aislada. El segundo y último muestra a Carrie, ya fuera de la Casa Blanca, sabiendo que la agencia donde se formó está volando por los aires, que su mentor y amigo está encarcelado, que ella misma ha quedado marginada, que otra vez vuelve a su papel de eterna marginada. El momento de desengaño recuerda al final de la cuarta temporada (donde Saul pactaba con Adal a sus espaldas) y su posición mirando al Capitolio recuerda al cierre del piloto de la serie, donde era Brody –otro marginado y solitario- quien miraba al mismo edificio.
Ya en su título, America first establece un puente directo con la presidencia de Trump, donde la paranoia y la manipulación juegan papeles decisivos. A la vez, deja entrever lo que puede venirse en la séptima temporada, posiblemente con Keane –ya endurecida en su postura- todavía con un papel importante. Con sus desniveles, Homeland continúa siendo una serie de notable actualidad, no solo en el ámbito estadounidense, sino a escala global.

