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Recapitulación de Homeland: Sock puppets

Por Rodrigo Seijas

(@funcinemamdq)

ATENCIÓN: SPOILERS
Cuando parecía entrar en un pozo narrativo donde primaban ciertas arbitrariedades, Sock puppets revitaliza por completo la trama de esta sexta temporada de Homeland, recurriendo a viejas armas de la serie: se queman los puentes, todo se da vuelta súbitamente y la balanza de poder cambia por completo, aún a riesgo de comprometer cierta verosimilitud en las resoluciones.

Todo fue una verdadera montaña rusa, especialmente para Carrie y Saul. Lo llamativo es que Sock puppets arranca de manera pausada, apostando primariamente al drama, con Carrie mirando a cámara y hablando sobre su hija Franny, pero también sobre Brody y Quinn. Ese momento íntimo, que resulta ser una entrevista con un psiquiatra, pronto queda atrás a partir de la velocidad con que se suceden los acontecimientos. Es que Javadi se creía a salvo, pero los israelíes se la tienen jurada y Dar Adal es un cómodo cómplice, con lo que el doble agente iraní se la juega hasta lo último filtrando por el celular el momento en que se lo van a llevar secuestrado hasta los oídos de Carrie y Saul, dejando luego en el hotel donde estaba una grabación donde queda clara la conspiración entre la CIA y el Mossad. Todo eso vuelve a colocar a Carrie y Saul de vuelta en el juego, con elementos para volver a establecer contacto con la Presidente electa Keane y así destruir los planes de Adal.

Pero claro, para ese triunfo que parece estar al alcance de la mano hay un precio a pagar: las pruebas son contundentes, pero no lo suficiente. Por eso la factura le termina llegando a Saul: la única forma de condenar a Adal es revelando cómo encubrió todo lo sucedido en Alemania durante la anterior temporada, lo que implica exponer que Saul estuvo acostándose con una doble agente que trabajaba para los rusos. Esto, obviamente, va a destruir su carrera y arruinar todo su legado. El diálogo que se entabla entre Carrie y Saul es tan tenso como irónico: “quizás no debiste coger con espía de los rusos”, le dice ella; “viniendo de alguien que se cogió a un tipo con un chaleco suicida, eso significa un montón”, le contesta él. Un brillante momento donde todo parece irse al demonio y que refleja cómo esta serie es, a su modo, una comedia de enredos.

Mientras tanto, otra subtrama va retomando fuerza, y es la de esa misteriosa compañía que parece estar manejando los hilos de toda la conspiración. La nueva fuerza motora es Max, el genio de las computadoras amigo de Carrie, quien consigue infiltrarse luego de pasar una particular entrevista con O’Keefe, el comunicador ultra-conservador que le viene haciendo la vida difícil a Keane. Allí se dará cuenta que en las instalaciones de la compañía hay esencialmente una granja de noticias falsas, donde un montón de trolls con cuentas falsas montan toda clase de operaciones mediáticas. Un paraíso para buena parte del sistema político argentino.

Pero eso no es todo: Adal es un tipo muy vivo y consigue darse cuenta cuando se reúne con Keane que ella tiene algo entre manos. El duelo entre ambos se da a partir de los rostros, y Adal triunfa a partir de hacer una mínima referencia al hijo fallecido de Keane. Pero en algunas cosas Adal es entre ingenuo y sentimental, y ahí interviene Quinn, quien está en pleno raid vengativo luego de la muerte de Astrid. La forma en que Quinn, gracias a la impericia de Adal, termina obteniendo la localización del asesino al que persigue es un tanto forzada, pero el vértigo es clave: todo va rápido, casi irreflexivamente, capturando la atención del espectador por completo. Sock puppets es un capítulo donde no se dispara un solo tiro, pero que está repleto de acción, y de la buena.

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