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Intrusos

Título original: Intruders / Shut in 
Origen: EE.UU.
Dirección: Adam Schindler 
Guión: T.J. Cimfel, David White 
Intérpretes: Rory Culkin, Leticia Jimenez, Jack Kesy, Timothy T. McKinney, Joshua Mikel, Beth Riesgraf, Martin Starr
Fotografía: Eric Leach 
Montaje: Brian Netto, Adam Schindler 
Música: Frederik Wiedmann 
Duración: 90 minutos
Año: 2015


5 puntos


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Por Henry Drae

(@henrydrae)

Las fobias son terreno fértil para contar cualquier historia. Todos las tenemos en mayor o menor medida y eso hace que de inmediato empaticemos con el personaje que las sufre. En el caso de la agorafobia, el temor a los espacios abiertos, brinda elementos de mayor interés por cómo puede este trastorno servir a los fines de quien quiera aprovecharse de la víctima que lo padece.

Esa constituye la premisa de Intrusos, historia en la cual Anna Rook (Beth Riesgraf) es asaltada en su casa por tres delincuentes luego de la muerte de su hermano. La situación se da gracias a que la fobia de Anna le impidió asistir al funeral, momento que los ladrones tenían la intención de aprovechar para ingresar sin riesgos. La mujer, que se convierte más en rehén de sus propios temores que de sus asaltantes, irá mostrando que tiene otras recursos y fortalezas que le permitirán no solo repeler el ataque sino convertirse en cazadora de sus eventuales atacantes, convirtiéndolos en presas.

Toda la primera parte de la película es una sucesión de escenas que de manera prolija y segura nos presentan a los personajes y su probable comportamiento según lo que nos están diciendo que se espera de ellos. Riesgraf no descolla interpretando a la fóbica Anna pero tiene una cara de circunstancia que ayuda a que no queramos ajusticiarla más rápido que a sus captores. La sorpresa es la notable solidez de Rory Culkin, el hermano de mi pobre angelito al que no pudieron cortarle las alas.

Luego, a medida que el clima se torna denso y se producen ciertas revelaciones, la pericia del director se licúa al intentar salir del terreno en el que pisa más seguro y adentrarse en una trama que quiere ser más compleja pero termina siendo inverosímil. Que una casa rural en la que viven una chica y su hermano enfermo termine siendo una fortaleza tecnificada con fines ocultos tan precisos como retorcidos, es algo que no pasa por el tamiz de la credibilidad y puede desenganchar. Y más allá de esto que digo que adelanta algo de la historia, recomiendo de manera ferviente no ver el trailer porque cuenta demasiado. Entiendo que para vender la historia se necesita proveer al espectador de detalles escabrosos, pero allí es donde ante la falta de creatividad se lo subestima y termina dándole una guía visual de lo que está por ver hasta minutos antes del final. La crítica puede permitirse el pecado de adelantar algunos detalles del argumento en virtud de ilustrar y fundamentar, pero cuando se hace desde la misma producción del film, es simple falta de pericia.

Hay algo de gore pero no estamos ni ante El juego del miedo, ni Hostel. Por otra parte, es tanta la cantidad de producciones que en los últimos años llevan por título -o dentro de él- la palabra “intrusos” y hablan de intrusiones al hogar, que casi se convierte en un sub-género con características propias. Si este fuese el caso, esta Intrusos se posiciona como una de las más relevantes aunque con un potencial que se aprovecha poco, y sino que lo diga Fede Álvarez, que meses atrás nos diera un hermoso ejemplo de cómo manejar este tipo de cine con No respires.

Intrusos no es una película bisagra ni mucho menos, y puede que se pierda dentro de la cantidad de producciones similares pero para ser la ópera prima de un director novato como es Adam Schindler, merece un vistazo para ser testigos de la posible evolución de un director del que esperamos arriesgue mucho más para convertirse en alguien con una obra relevante.

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