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La fría luz del día

cold1Título original: The Cold Light of Day
Origen: EE.UU. / España
Dirección: Mabrouk El Mechri
Guión: Scott Wiper, John Petro
Intérpretes: Henry Cavill, Verónica Echegui, Bruce Willis, Sigourney Weaver, Joseph Mawle, Caroline Goodall, Rafi Gavron, Emma Hamilton, Michael Budd, Roschdy Zem, Óscar Jaenada, Joe Dixon, Jim Piddock
Fotografía: Remi Adefarasin
Montaje: Valerio Bonelli
Música: Lucas Vidal
Duración: 93 minutos
Año: 2016


4 puntos


CORRER HACIA NINGUNA PARTE

Por Rodrigo Seijas

(@fancinemamdq)

cold2Muy posiblemente, si uno se pusiera a contar los minutos que Henry Cavill está corriendo durante este film, descubriría que el muchacho está en plena carrera durante la mitad del metraje. Eso de por sí no estaría mal: alguien como Tom Cruise se la pasa corriendo en sus películas, pero eso forma parte de una concepción del cine como pleno movimiento, como un continuo avanzar hacia un objetivo, una meta determinada, no sólo narrativa, sino también formal e incluso ética. En cambio, lo que le pasa a Cavill en La fría luz del día es muy diferente: estamos ante un film estático, pleno de indecisiones, que parece no saber qué quiere y que sólo pone a su protagonista a correr para fingir que se está moviendo.

Y eso que la premisa dejaba todo servido para un relato ágil y dinámico, a partir de hacer centro en un joven con una crisis personal y laboral que se reúne con su familia -que incluye a un padre (Bruce Willis) con el que se lleva a las patadas- en España para unas tranquilas vacaciones. Sin embargo, la familia es secuestrada y eventualmente se dará cuenta que todo el entuerto es por un misterioso paquete que la CIA intenta recuperar y que es codiciado por unas cuantas fuerzas más, todas sumamente oscuras. Aún así, con todos estos elementos a disposición, pareciera que La fría luz del día nunca terminará de arrancar, incluso cuando ya está llegando a los tramos decisivos y finales. Está permanentemente girando en el vacío, con escenas de acción anodinas, giros en el guión difíciles de explicar, un Cavill sobreactuando la desorientación de su personaje y tanto Willis como Sigourney Weaver en esa clase de piloto automático que sólo puede terminar estrellándose.

Pero la mayor decepción de La fría luz del día es su director, el francés de origen tunecino Mabrouk El Mechri, quien había sorprendido con la notable JCVD, una película que examinaba con una enorme sensibilidad y destreza las variables que componen el género de acción y su sistema de estrellas. El realizador que se intuía en el film protagonizado por Jean-Claude Van Damme era audaz y seguro de sí mismo, mientras el que se ve aquí no parece tener idea de qué contar, con lo que toma decisiones que pueden parecer seguras en principio pero que se revelan banales y superficiales. Apenas deja asomar cierto arrojo en el juego de espejos que busca establecer en algunas secuencias, pero son apenas insinuaciones.

La fría luz del día termina siendo una película sin alma ni ideas claras, con notorios problemas de montaje y conservadora en sus apuestas formales. De ahí que pretenda correr hacia la meta pero termine perdida en su propio laberinto.

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