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24 líneas por segundo: ¿por qué no te callas?

Por Mex Faliero

(@mexfaliero)

batman supermanCada tanto reaparece la vieja pelea entre los gustos del público y de la crítica. Y reaparece, básicamente, cuando se da que una película que no tuvo comentarios positivos es muy exitosa o gana un premio. Es una disputa más vieja que el mundo, que tal vez en un tiempo donde la crítica de cine era una actividad incipiente y más influyente tenía cierto sentido, pero que actualmente luce ridícula: y luce ridícula porque es un poco desopilante la importancia que muchos sectores del público le dan a la crítica y también porque está probado que buenas críticas no significan un éxito de taquilla, o viceversa (y tampoco nos corresponde a los críticos ponernos en ese lugar). Con el estreno de Batman vs Superman volvió la pelea: el film tuvo reseñas pavorosas, en consonancia con los escasos valores cinematográficos que ostenta la obra de Zack Snyder, pero a la vez se convirtió en un suceso interplanetario. Y ahí aparecieron, claro está, los apologistas del taquillazo, que aquí contaban con el visto bueno de los acríticos consumidores de cómics (esos fieles representantes de la Juventud Contenidista), para meter el dedo en el ojo de los críticos y espetarles en la cara que a pesar de sus comentarios, la película fue un suceso de masividad. Sería gracioso, si no fuera porque por lo bajo existe una mirada totalmente reaccionaria y fascista, que se corresponde con el escaso espacio que va teniendo la crítica actualmente en los medios importantes y cómo se va retirando hacia un exilio en blogs o espacios virtuales no tan consumidos: y esa mirada le dice a los críticos (incluso a los que sin serlo profesionalmente practican la crítica y la reflexión) directamente que se callen, que se llamen a silencio porque el público masivo no se discute. Reproducción 2.0 de los discursos totalitarios. Esa “voz del público” que supuestamente es incuestionable, es una experiencia que se ha fortalecido con la presencia de Internet y que recrea de alguna manera el sueño del villano de Los increíbles: “cuando todos tengan voz, nadie finalmente la tendrá”. Sería ocioso dar ejemplos de cómo la crítica y el público pueden coincidir, incluso en producciones mega-millonarias hechas para el gran público. El problema es que argumentar en este terreno es tener que esforzarse para darles la razón a los fascistas. Porque el asunto es mucho más simple: seguir diferenciando entre el gusto del público y de la crítica es una tontería funcional a aquello, porque todos ejercen la crítica, ¿o acaso el público tiene un gusto unidimensional? ¿No existe en usted, estimado lector, un recorte necesario sobre aquello que le gusta o no? ¿No elige qué ver en relación a lo que le gusta o por un estímulo determinado? ¿O no le gusta más una película que otra? Bueno, eso es ejercer la crítica. Una mirada puede estar más entrenada que otra, y ahí se terminan las diferencias. Nadie tiene la verdad absoluta: un taquillazo no habla de una buena película; un premio tampoco; buenas críticas, lo siento, tampoco. Lo más frustrante para el crítico, y es esa la lucha eterna, es descubrir la futilidad de su propio discurso: como diría Anton Ego, tal vez nuestra mayor virtud sea acompañar lo nuevo, darle relevancia y hacerlo visible. Violentarse con el crítico (y lean los mensajes que dejan los lectores en algunas reseñas de Fancinema) es igual de inútil.

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