Por Mex Faliero
Dentro de su amplia producción propia, muy variada en cuanto a propuestas y géneros abordados, Netflix ha generado una serie de comedias que son plataformas para el lucimiento de sus tres carismáticos protagonistas. Las tres, por otra parte, tienen sus singularidades y una unidad temática-generacional que es también una reflexión sobre este tiempo. Hablamos de Aziz Ansari con Master of none, Paul Rust con Love y Will Arnett con Flaked. Las tres historias son acercamientos a la comedia (de hecho los tres son estupendos comediantes), pero no son directamente comedias, incluso incorporan el drama sin mayores inconvenientes como en el caso de Flaked, y se centran en las experiencias de tipos adultos, un poco de vuelta de la vida y por eso cínicos, que se enfrentan a la posibilidad del amor desde el lugar del que ha sufrido. Un amor, de paso, autoconsciente, por eso que las tres series oficien como una suerte de reflexión sobre el romance, pero especialmente sobre la comedia romántica, su soporte ficcional. La más clara en ese aspecto es Master of none, donde Ansari como un actor sin suerte profesional o sentimental explora una serie de obsesiones a su alrededor (sexuales, sociales, políticas, generacionales, raciales), que han sido más propias del humor judío neoyorquino, con Woody Allen como ejemplo más preciso. Ansari como protagonista, guionista y creador, aprovecha todas las posibilidades y hasta se luce como director en un par de capítulos. Del trío, es tal vez la más efectiva, porque acierta en todas sus vertientes y resulta la más sensible sin perder una pizca de humor ni de romanticismo. Por su parte Love es una colaboración entre el guionista y actor Rust con el productor Judd Apatow, padre de la comedia norteamericana contemporánea y mano invisible en muchas de estas series y películas, aún no teniendo participación activa: Love es más áspera y también la que incorpora el punto de vista femenino, sin centrarse necesariamente en su protagonista masculino. Es la que explora de forma más clara las posibilidades del amor real cuando ambos vienen de múltiples frustraciones y pérdidas, y donde se nota más claramente el retrato generacional: como en toda obra de Apatow, las referencias cinéfilas abundan, y Rust cumple a la perfección ese rol de adulto/adolescente neurótico un poco desubicado en su tiempo que han representado en ocasiones Seth Rogen o Paul Rudd. Por último Flaked, colaboración entre Arnett y Mark Chappell, es la más amarga de las tres: la que usa el humor como excusa y como forma de supervivencia de sus personajes, pero donde lo que se observa con mayor detenimiento es la manera en que nuestro pasado nos condena a la culpa y la repetición. Flaked es, también, la que sabe cómo ponerse melancólica y triste. Las tres series comparten, además de ser vehículos para sus protagonistas, un eje temático sobre hombres que ingresan a la adultez con la inseguridad de una vida incompleta emocionalmente. Es, sin dudas, un retrato generacional bastante desesperante, que choca con la construcción clásica de un hombre decidido, contenedor y proveedor en el núcleo familiar. Y por su fuera poco, aportan pequeñas grandes dosis de verdad, de esas verdades que queman un poco. El hombre nuevo, hoy, es esto.

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